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LEE TAMARGO

EN LA TABERNA: Capítulo XIX

EN LA TABERNA: Capítulo XIX

Capítulo XIX
EN LA TABERNA

 

     Desde tempranas horas había estado dando los últimos retoques a la nueva embarcación, ahora recién calafateada y lista para su bautizo de mar. Repasé con cuidado cada letra del rótulo en el costado, acariciando con el pincel la madera. Ahora el DosGaviotas al fin podría navegar. Habían sido necesarios largos meses de meticuloso trabajo para reconstruirlo fidedignamente y ver el proyecto convertido en una realidad palpable, una pasión marinera, el sueño de cualquier navegante capaz ahora de flotar y surcar el océano. Revisé con detenimiento de artesano los intrincados detalles del mascarón de proa, los rizados bucles de la sirena, la caracola que sostenía entre sus manos, cada escama de su cola labrada, que impregnaba el alba y hasta las ropas con el denso olor del barniz incoloro.

  Amanecía una mañana de púrpuras que esbozaba remolinos anaranjados sobre el cielo de Bahía, difuminados surcos de luz creciendo hacia el amarillo intenso para dar paso al nuevo día, resplandeciente. Durante algunas semanas el viento sur se había instalado confortablemente en Claridades. De seguir así, mañana sería el momento idóneo para que el DosGaviotas se estrenara con su bautismo de aguas.

  Las primeras gaviotas, las más madrugadoras, se saludaron entre sí. En el muelle, los motores de los Casualidades anunciaron el comienzo de la jornada y, pronto, sembraron de surcos ondulantes las orillas del puerto que, levemente, se desperezaba como si alguna vez hubiese estado dormido del todo.

  Ya antes, la Taberna marinera reanudaba su actividad, imperceptiblemente interrumpida siquiera para el descanso. Para Violeta resultaba más trabajoso descansar que reanudar la faena. Ella vino del interior, con su familia, pertenecía a la zona boscosa de montaña. Desde niña se adaptó con ductilidad al clima marino de la Bahía, pero no podía negar su primitivo sustrato de monte y bosque, de tierra firme. Sus razonamientos respondían a una lógica tan simple como sus sentimientos y no por ello menos hondos. Fue el suyo un matrimonio por amor, primero, por su Joaquín, el patrón de Casualidades y, después, por sus dos adorables retoños, Patricia y Quino, ahora ya crecidos, si bien con toda probabilidad se podría también hoy alterar el orden de los afectos sin que variasen en profundidad. La pequeña Patricia le echaba una mano de gran utilidad con las tareas de la Taberna y, Quino, el hijo mayor, después de haber estudiado fuera de Claridades estaba a punto de iniciar su primer trabajo como periodista. Ya se habían acostumbrado a sus  prolongadas  ausencias y esporádicas apariciones, era como si la Bahía reclamase algo suyo a pesar de las distancias. Pero ella no era de allí y, desde el principio, tuvo que hacerse con el territorio de la Taberna como el suyo propio, desplegando todo el abanico de eficientes habilidades, como corresponde a una buena mujer propia de las montañas.

  Al mediodía atracó una Patrulla Marítima. Para entonces ya había acabado de recoger todos los utensilios de limpieza y contemplé con embeleso la obra consumada. El DosGaviotas bien podía presumir como un señor velero, con su proa apuntando a la línea desafiante del horizonte. Escuché a uno de los oficiales de la Patrulla hablar a Violeta. Por lo visto, algunos pescadores dieron aviso del avistamiento del cetáceo. Se trataba de un ballenato, atrapado en el cerco que los arrecifes formaban con la hilera de islotes, junto a la Canal. No les costó demasiado esfuerzo conseguir mostrarle el camino de salida a la cría perdida.

   La sobremesa en la Taberna de Violeta se tiñó de voces nuevas y de más ajetreo del acostumbrado y, así, se extendió a la tarde para contagiar de novedosa solemnidad todo hecho o dicho habitualmente cotidiano. Era de preveer, por tanto, que la noche acabaría como todos los asistentes presumiblemente esperaban, contando historias, escuchando dispares relatos de otros confines a la luz de los candiles, entre aromas de café y alcohol, hasta que el día, otro nuevo alba, terminase de llegar.

  Esa noche, Héctor, el farero, recordó su particular historia de ballenas, siguiendo el hilo conductor marcado por el oficial. Algunos echaron estrepitosamente a reir, poniendo en duda que realmente el farero hubiese buceado y nadado junto a ellas, llegando incluso a tocarlas con su mano. Otro marinero aseguró haberlo visto hacer en la Escuela de Marina de Coaxtlán, pero aseguró que se trataba de expertos profesionales y que a nadie en su sano juicio se le ocurriría tirarse al agua para experimentar ese contacto sin una preparación previa. Aquí, oficiales y marineros elevaron ostensiblemente las voces ya discutiendo, acalorados, ya mezclando sin distinción explicaciones y devaneos.

 El tono de la charla quedó apaciguado por el Sr.De Melun, notario de Bahía, quien dio una magistral lección de erudición al enumerar los irrepetibles nombres científicos de las aves del paraíso con que se traficaba en los mares cálidos. Increíblemente, algunas de aquellas multicolores plumas de llamativos tonos habían suscitado guerras entre piratas o tribus e, incluso, hasta cambios de régimen de gobierno en algunas islas de aventajada cultura.

   El patrón de Casualidades, como cada medianoche, escuchaba con atención imposible de disimular, apoyado en su respaldo del rincón, mientras exhalaba placenteramente el humo del tabaco hacia arriba y escudriñaba el techo, orgulloso del ambiente cordial que envolvía las animadas tertulias de la Taberna y que hacían de Claridades la bahía que todos querían y conocían. Luego, él mismo tomó la palabra, al tiempo que todos callaban, haciéndole un hueco al silencio. Siempre comenzaba a contar la historia en primera persona, para luego terminar por convertirse en un personaje más, mezclado entre los demás y dignificarles, así, con la misma importancia. El desenlace, al final, siempre iba cargado de tintes nostálgicos y entrañables, quizás excesivamente simples, pero don Joaquín era así, un ser adorable parapetado tras su tosca apariencia de marinero rudo.

  Quizás fue debido al escuchar el nombre de Coaxtlán, del hogar distante, que dí un respingo en el asiento y me sentí bruscamente transportado a otra realidad, hasta ahora distraída por la atmósfera amena que irradiaban los tertulianos en tan animado ambiente. Quizás fue porque no podía por más tiempo mantener callada mi inquietud y necesitaba con apremio darle salida a aquella especie de congoja que me atreví a contar mi historia, haciéndoles partícipes de mi viajera ilusión, de cómo descubrí Claridades. Fue puro azar que allí mismo tuviera lugar el reencuentro con mi abuelo de quien ni siquiera mi padre supo alguna vez algo que no tuviera que ver con la distancia. Quiso el destino que mi pasión marinera me llevase a realizar el proyecto de recuperar un viejo balandro. Se lo adquirí a un viejo loco apodado el Capitán, que habitaba entre acantilados con la misma familiaridad con que otros lo hacían entre paredes y que, finalmente, resultó ser mi desaparecido pariente. Aproveché para agradecer en público la acogida hospitalaria y cordial en Claridades y, en especial al farero Héctor, quien me avisó del hallazgo del vehículo de mi padre. Evitando el aspecto dramático del hecho y las asperezas de los detalles narré cómo me puse en camino, apremiado por la urgencia, para encontrarme con los restos de mi padre, impenitente viajero, mi  ser más querido. Sin embargo, siguió  el destino resultando esquivo. Al llegar a Claridades mi padre acababa de despeñarse al mar y, por encima de cualquier contrariedad, me quedó su legado inesperado como regalo. Un balandro, un manuscrito, la leyenda de El Cantor de Olas…

 No pareció sorprenderles el relato ni descubrí atisbo alguno de incredulidad en sus gestos. Al contrario, entendí que la leyenda tampoco les era extraña y, aunque callados, asentían con los ojos del corazón entornados. Finalmente, para aliviar la tensión acumulada, concluí por invitar a todo el mundo al acontecimiento marinero de la mañana siguiente, la botadura del DosGaviotas.

    Los marineros entonaron el Himno de Bahía, mientras todos levantaban sus jarras al unísono, luego continuaron vociferando y desgranando las mejores baladas del repertorio marinero en controvertido pop

 

 

urrí.


.

(CONTINÚA... En Capítulo XX)

*De la NOVELA "El Cantor De Olas", (c) Luis Tamargo.-

http://elcantordeolas.galeon.com/olas19.htm

 

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12 comentarios

LeeTamargo -

...Por supuesto, Mary, bienvenida! Aunque la novela toca a su fin, vamos en el mismo barco y aún queda mucho viaje. SALUDANDO:
LeeTamargo.-

_Mary_ -

Como se rua por las calles de un poblado o una ciudad desconocida, me gusta navegar por la red, y ahora en los blogs.
Te comentaba que no siempre se encuentran buenas lecturas, tu espacio me ha agradado mucho. Seguimos ruando y me voy a permitir enlazarte, para no perder el rumbo.
Saludos amigo, desde México.

LeeTamargo -

Hola, Mary, me alegra comprobar que vuelves al blog como quien visita una linda ciudad, a callejear entre los renglones de escritos ancestrales, pero vivos en nuestro tiempo.
TE SALUDO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Corazón, en cuanto acabe de subir los dos capítulos que quedan de la novela, volveré a mis relatos.
No sé qué pasa en "grupobuho" que no me suben todos los que envío o los ponen repetidos, así que podrás encontrarlos también en este weblog... ¡Y muchas cosas más para los buenos/as amigos/as!
SALUDOS: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Bienvenida, Brisa! Como la suave frescura del océano eres recibida. Si te animas a leer la novela entera espero tu valioso comentario, ¿vale?...
Visité tu blog, me asombró la cantidad de visitantes que tienes, cuéntame también entre ellos. Nos leemos!
SALUDANDO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

Sí, Mariose, hay días de esos, para entregarse a una lectura sosegada dispuesto/a a disfrutar de cada página. Cuando uno acaba tiene la satisfacción de no haber perdido el tiempo... Hay días para todo, aunque pocos para esto, deberíamos cambiarlo de vez en cuando.
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

_Mary_ -

Estoy con la lectura de esta Novela, interesante, muy interesante.
Amigo, saludos desde México.

Corazòn... -

Buenos dìas LeeTamargo :)

Gracias por responder a mi pregunta... en realidad no estoy dada de alta...ahora entiendo pq no puedo dejar mi conmentario :( pero dejame decirte que escribes muy bien...
La novela cada dìa la encuentro mas interesante... todos los capitulos encierran la magia y despiertan el interès por seguir su paso...

Hasta pronto!

;o)

Brisa -

Hola Lee, sentía curiosidad por ver como era tú blog, te he leído en diferentes comentarios de blogs q compartimos y no me ha decepcionado, es bonito, me gustas como escribes.. :) aunque tendré q volver para leerme enterita tú novela. Saludos!

Marijose. -

Pues yo veo que...ya sabes como poner eso de : "continua..." Je je je!!Y que hoy son de esos días que apetece, leer una historia de las tuyas, que me envuelvan y me haga olvidar todo. Voy a ello. Luego te comento.
Un besito.

LeeTamargo -

...Gracias, Lyzzie, me alegra saber que andas por ahí y tienes tiempo para leer en vacaciones. A mí ya me queda poco para las mías, a la novela también, es posible que aproveche la vacación para desarrollar nuevos proyectos... No tenemos remedio!
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Lyzzie -

Veo que la oleada literaria sigue sacuediendo tu blog y eso me encanta. Es emocionante llegar y encontrarte con un montón de capítulos para leer. Las vacaciones me tienen atrapada y ni leo ni posteo con la frecuencia de antes, pero no te quepa ninguna duda de que sigo al pie de la letra tu novela :) Besos!!
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