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LEE TAMARGO

RUMBO DE REGRESO: Capítulo XX

RUMBO DE REGRESO: Capítulo XX

Capítulo XX
RUMBO DE REGRESO

 

       El nudo de emoción se desató mar adentro, cuando las velas henchidas del DosGaviotas se ciñeron al viento para danzar pletóricas sobre las olas. Junto con Patricia y Héctor, fuimos los encargados de comprobar las aptitudes marineras del barco en el día de su bautismo. Sin embargo, para mí se trataba además de un acontecimiento aún más relevante, pues de alguna manera se continuaba con el rumbo de una tradición familiar durante cierto tiempo interrumpida más que olvidada. Para celebrarlo nos dirigimos al archipiélago de Cormoranes al tiempo que, durante el proyecto, ensayábamos todo tipo de maniobras con la atención centrada en las respuestas del nuevo DosGaviotas, que en ningún momento defraudó. La silueta de Cormoranes crecía a medida que nos aproximábamos a su costa y un cortejo de aves nos daba la bienvenida con sus trinos variados. El farero señalaba cada ejemplar para indicarnos su nombre y, sin poder ocultar su entusiasmo, nos explicaba algunas de sus curiosidades.

  Una pasión similar por las aves compartía el notario de Bahía, el Sr.De Melun, al que le unía además una íntima amistad. Su padre había sido destinado embajador diplomático del país en la capital, en sus últimos años. Luego, las vueltas caprichosas del destino quisieron que el Sr. Notario escogiese Bahía Claridades para recalar sus recuerdos de infancia, sin duda uno de los principales motivos que influyeron a la hora de decidir destino.

  Era su apariencia gélida, inescrutable, debido posiblemente a las rígidas exigencias profesionales. Su voz hueca tampoco dejaba vislumbrar atisbo alguno de emoción, aunque revelaba su abundante conocimiento en cuanto hallaba pie para extenderse sobre el mundo de sus aficiones, preferentemente naturales. De su etapa anterior conservaba una exuberante y original colección de mariposas tropicales, seguramente única en su género. Tampoco ocultaba su especial atracción por Cormoranes y el particular microclima que disfrutaba el archipiélago, beneficiando sus ansias investigadoras al permitir una rica y variopinta convivencia de exóticas aves y exuberantes plantas, otra de sus aficiones predilectas.

   No obstante, ese no fue siempre su carácter, su acritud había mejorado bastante últimamente. Al principio ocultó tras una áspera coraza su honda pena, pero a todas luces le resultó imposible de disimular, pues en los pueblos de alma chica, sobre todo, eso se nota mucho. Las noches de la Taberna sirvieron para eso, fueron bálsamo redentor. Hasta que no soltó el nudo que le atenazaba el corazón, el Sr.De Melun no pudo recuperar la parte de sí que le disculpaba. Así fue como conocieron, entre sollozos y palabras entrecortadas, cómo el mar le arrebató a su hermano mellizo en plena flor de juventud. Y cómo vibraba de emoción contenida durante demasiado tiempo su voz aflautada al hacerles partícipes de sus recuerdos de amor imposible que dejó en tierras lejanas de otros continentes. A partir de entonces, la Taberna se convirtió en su refugio seguro y, desde ese momento, se despachó a gusto y en paz con los habitantes de Bahía. Al mismo tiempo, los demás tertulianos aprendieron y comprendieron que debajo de la férrea apariencia del caparazón se debatía un ser humano, quizás excesivamente serio, pero apasionadamente palpitante.

  Aquella tarde, sin embargo, el semblante serio y frío del notario no me resultó extraño al recibirnos de vuelta del archipiélago, de aquella primera excursión con el DosGaviotas. Ya conocía ese gesto adusto, de compromiso, a modo de escudo... Y ya antes de que pronunciara palabra lamenté que tuviera que haber ocurrido precisamente en ese día. Habían encontrado al Viejo Capitán flotando en las aguas de Claridades. El abuelo acabó así sus días, ahogado en su mar enamorado.

 Esta vez los trámites fueron aún más parcos si cabe y, en cambio, mucho más ceremoniosos pues el DosGaviotas tuvo el honor de servir para este su último viaje. Desde cubierta, Patricia y yo contemplamos en silencio, abrazados, las cenizas del abuelo que se mezclaron por siempre con el mar que tanto amó en vida, ya eternamente unidos

 

 

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(CONTINÚA... En Capítulo XXI)

*De la NOVELA "El Cantor De Olas", (c) Luis Tamargo.-

http://elcantordeolas.galeon.com/olas20.htm

 

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4 comentarios

LeeTamargo -

...Hola, Brisa! Comprendo que leer una novela requiere tiempo, no es lo mismo que un breve post, pero hay que acostumbrarse a romper moldes. Gracias a la red he tenido la oportunidad de dar a conocer mi novela, puede leerse y hasta comentarse. Y eso ya es mucho para quien, en efecto, se siente escritor y ha invertido aquí su dedicación. Sí, es inevitable, la poesía está alrededor, no puedo ignorarla.
Gracias a ti, amiga!
SALUDANDO:
LeeTamargo.-

Brisa -

No había tenido mucho tiempo, pero ahora voy piendome al día Lee, decirte q tú historía me parece muy bien escrita, te expresas, bien, con claridad, huele a poesía, percibo en tí a un escritor, y no lo escribo pq sí. continúo arriba, vale?

LeeTamargo -

...Bueno, sí, la novela va llegando a puerto, mas el océano inmenso sigue ahí para surcarlo. Me alegra pensar que existen puertos donde uno puede compartir historias en buena camaradería. Es un placer que estés por aquí, Corazón. MUCHAS GRACIAS:
LeeTamargo.-

Corazón... -

Se percibe el final...
Este capitulo me lleno los ojos de lagrimas... triste pero precioso como todos los demás.
Vuelvo a decir que historia mas preciosa.
Saludos Lee

;o)
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