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LEE TAMARGO

ORO QUE RELUCE

ORO QUE RELUCE

   Nadie lo habría imaginado, pero a través del ramaje entramado se podía disfrutar de distinta manera. Encontraba un deleite especial en observar a escondidas, no sabía desde cuándo venía haciéndolo, pero ya formaba parte de las ocupaciones habituales de su mundo particular.  Al principio comenzó como un divertimento reservado sólo a los fines de semana, sobre todo al finalizar la jornada de trabajo, le servía de distracción y descarga de las tensiones acumuladas. Luego, lo integró a su rutina cotidiana, siempre que hiciera falta relajar su nivel de preocupación. Para él no había nada malo en ello, no tenía conciencia de causar daño a nadie, sin embargo los momentos pasados rebosaban intensidad y ese regusto permanente de lo prohibido que tanto le atraía. A la caída de la tarde se preparó para la función, extrajo del armario el viejo abrigo arrugado y el sombrero de ala ancha que adquirió en las rebajas de un mercado rural, luego se enfundó la gruesa bufanda de cuadros y salió, cuando ya anochecía, en dirección al Parque de La Madeleine. Era el mejor momento del día, en las calles céntricas en invierno apenas nadie transitaba, a pesar de la temperatura primaveral que predominaba aquel año. En pocos pasos ya estaba dentro de los jardines, amparado en el entorno frondoso de sombras, lejos de las miradas inquisitivas de la gente sólo a él cabía el goce de vigilar desde el anonimato las curiosas excentricidades de sus convecinos. Aquella noche se acercó al lugar donde las prostitutas atendían solícitas su negocio. A veces no podía arriesgarse a ser descubierto y desde cierta distancia escuchaba absorto los jadeos de las parejas en plena acción. Disfrutaba más con espiar sin que los protagonistas lo supieran que con el hecho en sí practicado, además nunca había participado en acto alguno ni trató o habló con nadie ni fue detenido, su reputación era intachable.

   Andaba con precaución, alerta por no toparse con los drogadictos asiduos de la zona, que también pululaban en las inmediaciones del parque. Ya habían acabado los tiempos en que grupos agresivos de jóvenes enmascarados atacaban y agredían a los homosexuales allí reunidos, pero no había que bajar la guardia, en alguna ocasión bandas de salvajes enloquecidos de alcohol habían torturado con crueldad a alguno de los vagabundos que pernoctaban entre los setos. Había aprendido a sortear los peligros, prudente y cauto, en esquivar los problemas consistía la única garantía de no tenerlos. Era el suyo un placer inusitado por sentirse en libertad en medio del riesgo, oculto a los demás, pero presente, sin duda una sensación única que no estaba dispuesto a compartir.

    Con movimientos sinuosos, lentos, se agazapó entre los arbustos, llegaba a la zona limítrofe donde los jardines quedan expuestos a la avenida principal, fluída arteria del centro urbano. Nadie suele pasear por allí a altas horas, sobre todo por miedo a los asaltos que en pasados años se sucedieron. Es el único tramo de todo el parque ajardinado donde uno puede extender el brazo para sustraer el sueño a la ciudad y después ocultarse con el botín robado, impune e invisible. Sin embargo los ademanes gráciles de aquella muchacha, sus pasos descaminados, barruntaban que no podía ser de allí. Sola, distraída, vagaba envuelta en un aire despistado convirtiéndose en un bocado más que apetecible, tentador. Su vestido de flores estampado tampoco concordaba con la época del año, ni siquiera con lo destemplado de la madrugada. Por un instante, la chica vaciló, pareció dudar entre cruzar el semáforo y adentrarse en los jardines o en seguir camino recto por su acera hacia el interior de la ciudad dormida. Fue la primera decisión por la que optó, animada por la escasez de tráfico atravesó la calle y sus pasos ahora se encaminaban dentro del recinto del parque. En cualquier caso a él ya le pareció bastante aquella atrevida osadía, la muchacha necesitaba que alguien le apercibiera del riesgo que corría... Por eso se dejó ver, emergió de un salto tras el tronco del enorme magnolio, en silencio y permaneció así, inmóvil, quieto, callado, con el rostro sumido bajo el ala del sombrero y el mentón hundido en la bufanda a cuadros... Pudo contemplar de cerca las pecas que salpicaban el rostro desprevenido de la chica que, asustada, retrocedió al tiempo que ahogaba un grito con la mano en la garganta. Con la otra mano apretó el bolso contra el pecho y echó a correr en dirección contraria, no miró al cruzar la carretera, pero ya desde enfrente se detuvo a escrutar los detalles de aquel repentino susto de muerte... Debería andarse con cuidado, aquello podría haber ido peor. A medida que se alejaba echaba furtivas miradas de reojo hacia atrás, hacia aquella oscura figura con abrigo cuya silueta se difuminaba en la distancia, entre los arbustos, hasta que terminó por perderlo de vista.

    A la mañana siguiente se arregló con la misma pulcritud con que antes había doblado y guardado la gabardina, el sombrero y la bufanda, ordenados en su cajón correspondiente. Después de un frugal desayuno, ocupó su sitio en la oficina, como de costumbre había que hacer frente a las obligaciones diarias y la noche anterior no había estado exenta de emociones, había tenido al menos el aliciente de la novedad. Desde primeras horas ya se había formado una incipiente fila de clientes a la puerta del banco y él, desde su ventanilla, daba salida a los más madrugadores con la disciplinal corrección que le era característica. Llevaba una veintena de años en aquella entidad bancaria, en su puesto de trabajo ganado por oposición y, aunque rozaba la frontera de la madurez, aún obedecía al impulso espontáneo de los años jóvenes. Para sus jefes resultaba un empleado metódico y eficaz, cumplidor cuando menos, pero entre sus compañeros no se prodigaba en confianzas ni amistosas siquiera, comprensible si acaso debido a la atmósfera de competitividad que lo excusaba. Hacía gala de un sexto sentido calculado que adivinaba el interés clave del cliente y, de este modo, sin dar pie a excesivas concesiones, la fila se aligeraba a ritmo forzado mientras sus superiores suspiraban con alivio. Con la vista fija en los papeles que firmaba sobre la mesa pudo vislumbrar de reojo el vivo color de las flores estampadas del vestido que lucía la chica de la fila...

   Cuando llegó su turno la muchacha explicó que acababa de llegar a la ciudad, quería abrir una libreta de ahorro y creía que aquel era el mejor sitio para su dinero. Ella escuchaba con atención las indicaciones del empleado, se esforzaba en matizar cada pormenor de la letra pequeña y que nunca acabaría de leer por sí misma. Luego, antes de responder a los datos que le pedía, abrió su diminuto bolso de color oro reluciente y se quedó pensativa...

   El tragó saliva, mientras se perdía entre las pecas que moteaban su rostro. Sí, las mujeres tienen un sentido especial para eso... Pero la chica dio por fin con el nombre de la calle donde residía, era todo tan nuevo para ella...

-¡Ya està! -el empleado del banco selló el documento.

-...Gracias, es usted muy amable. ¡Buenos días!

   Mientras la chica se alejaba y desaparecía tras la puerta giratoria, le entraron unas ganas irrefrenables de gritar. Un regato de copioso sudor descendía por la espina dorsal de su camisa y, en adelante, ya fue incapaz de ver llegada la ansiada hora final de su jornada. Ahora más que nunca necesitaba otra sesión, otra dosis, sí, una nueva escapada... Sin duda, habría que espaciar las salidas con más equilibrio todavía.

 

 

                                     *"Es Una Colección de Cuadernos Con Corazón", (c) Luis Tamargo.-

                                                    http://sonrelatos.galeon.com/oroquer.htm

 

 

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20 comentarios

LeeTamargo -

...A unos les importa más ocultar que a otros, Corazón, pero hay infinidad de matices dentro de ese abanico. Lo mejor es no obsesionarse, amiga...
GRACIAS, CORA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Peligrosa dependencia, Alma: ¡Está bien distinguirlo desde fuera y reconocerlo! GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Con la resolución pequeña se agranda el detalle, es idónea para estar un rato leyendo o escribiendo, Mirada. Para navegar puedes cambiar a 1024x768, depende de gustos. Al menos es una alternativa cuando Blogia nos lo pone difícil...
OK, SALUDOS: LeeTamargo.-

Corazón... -

Hola Lee ;)

Voyeur deben haber tantos en el mundo :( Personas con doble personalidad. "No todo lo que brilla es oro". Caras vemos y corazones no conocemos. Ultimamente existen tantas personalidades y conductas que vuelven al mundo inseguro.

Un relato que me ha hecho pensar y mucho, uno nunca sabe sí a trás de la ventana no existen unos ojos que nos vigilan :(

Un saludo. Gracias!

;o)

alma -

Todo lo obsesivo se torna dependencia...

mirada -

Gracias Luis. Intentaré buscar lo que me dices. Besos

LeeTamargo -

...Lejos de ser escasos, Trini, creo que nos sorprenderíamos de tantas dobles o triples vidas coexistentes. Me pareció un tema literario con posibilidades que desarrollar, con el misterio en el fondo de nuestra acciones cotidianas. Sin embargo, tienes razón, puede resultar un peligro demasiado real, ni es oro, ni reluce; mejor estar avisados... OK, SALUDOS:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Siempre pongo a doble espacio mis textos, pero esta vez me daba tantos problemas que lo cambié al sencillo. Desde que cambiaron a Blogia2 escribir un post lleva un tiempo demasiado largo, donde no hay vez que no haya que repetir o remendar. Intentaré lo mejor siempre que pueda, Mirada, aunque puedes también probar con la resolución de 800x600 (para escribir o leer yo la prefiero)... GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...A veces, Darilea, colocarse del lado del otro nos depara sorpresas o un distinto modo de captar detalles antes desapercibidos. Agradecido por tu lectura, amiga..
ME ALEGRO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Sí, Unda, eso de las dobles vidas debe de llevarse fatal. Al menos en este caso no deja de ser una manía cualquiera, incluso con solución...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Jeje, White, no iría mal encaminado si así fuera. Confiemos, aunque sabes que "no es oro todo lo que reluce"... GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Gracias, Martika, me alegro... NOS LEEMOS:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...No hace falta decirte, Lilith, que eres bienvenida!
FELIZ LECTURA: LeeTamargo.-

Trini -

He leído tu relato con atención pues me ha gustado desde principio a fin. Una vez, hace casi un año escribí un relato sobre un extraño voyeur, luego por falta de anonimato, lo quité de mi otra Blog. Hace poco lo transformé en un Microcuento.
Al leerte he pensado que quizá los voyeur no sen tan escasos como se piensa.
Y desde luego siempre esa necesidad de mirar lo ajeno, en ellos, irá a más. Mientras se limiten a mirar...

Un abrazo, Luis

mirada -

El relato es bueno, consigues mantener la atención y entender distintas situaciones...me gusta.
Luis, si me permites, resulta costoso leer el texto, he ampliado la letra al tamaño grande, pero no amplía la del texto, ¿podías espaciar las lineas a doble espacio? Gracias querido Luis. Besos y abrazos

Darilea -

Me gusto muchisimo el relato.
Siempre abierto a nuevas sensaciones.
Un saludo.

Unda -

Visto así hasta me cae simpático el voyeur, aunque siga sin entender esa forma de "placer" de observar.
Besos

white -

Me ha encantado el relato, le has dado al protagonista una nueva ruta nocturna, ¿seguirá para siempre el mismo camino que le lleve al inmenso bosque de pecas?
Un abrazo

martika -

Un buen relato...

Lilith -

Me ha gustado tu relato. Un placer pasearme por aquí. ¡Encontre un nuevo lugar de residencia para mis horas vacías!
Saludos
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