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LEE TAMARGO

OTRA VEZ

OTRA VEZ

   Se sentó en la cama, sobresaltado. Un sudor frío le bañaba el rostro, resbalaba copioso desde la frente y le empapaba las ropas. La cama revuelta parecía el escenario de una invisible batalla. Era el mismo sueño que se repetía... Llegaba de la calle y encontraba la puerta de su casa abierta, unas veces desvencijada, otras botada simplemente. Temeroso, se aventuraba pasillo adentro presintiendo un encuentro inesperado, mientras revisaba el estado de las habitaciones. Pero era aquella sensación de allanamiento de su intimidad lo que más le perturbaba, mucho más que los desperfectos causados. Era la casa en que había vivido siempre, desde niño y hasta ahora en que, sin familiares cercanos, decidió no abandonar los lugares que llenaron la alegría de sus primeros años. Situada en una zona bulliciosa de la ciudad, en pleno corazón urbano, se transformaba al llegar el fin de semana cuando multitud de jóvenes inundaban la calle en incesante vaivén de locales y copas, de música ruidosa y algarabía jovial, ajena a las necesidades de tranquilidad de los convecinos que la habitaban, obligados forzosamente a aceptar el incómodo tributo de aquella marea humana que les invadía cada semana.
   Él también fue joven, entonces aprovechaba el tumulto de la muchedumbre para salir y pasear, o para divertirse lejos de allí. Volvía a casa tarde, cuando la fiebre nocturna había cesado y sólo quedaba algún borracho extraviado, incapaz de sostenerse derecho entre sus restos. Quizás aquel entresuelo no fuese el sitio apropiado para un hogar, pero allí comenzaron sus abuelos, vivieron sus padres y sus hermanas y ahora él. Tampoco ayudaba nada la comunidad de vecinos, dividida por los intereses de los locales comerciales ni el que, entre doce vecinos, fuesen incapaces de llegar a un acuerdo para arreglar la cerradura del portal, que siempre permanecía de par en par en tentadora invitación para que la juventud festiva se cobijase en ella al abandono de todo escrúpulo.
En varias ocasiones soñó que alguien entraba en su vivienda, podía sentir su respiración entrecortada, se acercaba hasta la puerta y era entonces cuando despertaba. Sí, se repetía el mismo sueño... Una de las veces pudo distinguir los pies del que, al otro lado de la puerta resoplaba amenazante, es por eso que se dio cuenta que se trataba de un sueño y despertó con suavidad, esa vez más relajado.
   Luego se fue quedando solo, a medida que los años pasaban. La familia que no murió fue marchando a otros lugares, desplazándose a otras ciudades, pero a él no le acompañó demasiado la suerte en lo de mejorar. Sus trabajos duraban poco, lo suficiente para afrontar los meses más inestables que, a la vez, eran los que más pesaban en la balanza. Tampoco en el amor encontró terreno adecuado para el cultivo. Sí, hubo amores y amoríos, pero nada serio, ni familia que vestir ni bocas que mantener.
   Hubo un tiempo en que viajó, recorrió mundo y conoció gentes, culturas y miserias que contribuyeron a hacerle valorar aún más el pequeño tesoro de su refugio de infancia. Por eso cuando regresó a casa escogió permanecer allí por siempre, ligado así a su conexión primaria de existencia. Era un modo de seguir unido a la vida.
   Últimamente la pesadilla se venía repitiendo con agobiante insistencia, hasta que cobraba conciencia real de que se trataba del viejo sueño transcurrían unos espaciados momentos donde la incertidumbre luchaba por recobrar el tiempo que, ausente, parecía disfrutar en jugar al escondite y embromarle. A pesar de los años, el choque con la realidad no dejaba de resultar conflictivo.
   Sin embargo, aquella tarde la realidad mostró la evidencia de su más temible efecto con toda su crudeza... Regresaba del paseo cuando, al llegar a la casa, encontró la puerta echada abajo a fuerza de patadas, en la penumbra del pasillo se distinguían las paredes grises y un fuerte olor a polvo flotaba en el aire. Como tantas otras veces en su sueño, recorrió cada una de las habitaciones despacio, con el alma encogida en un puño, tenso y expectante ante cualquier imprevisto que saltase al paso. Su inquietud aumentó hasta niveles críticos al entrar en su dormitorio, la respiración jadeante de alguien que descansaba en su propio lecho le quitó la voz, quería gritar, pero el terror se lo impedía.
   En su mente se agolpaban infinidad de pensamientos entrecruzados, pero se sintió impotente para articular palabra...
-Arnoldo Práxedes..., ¿es usted? -preguntó el agente sin despegar la vista del documento de identidad.
   Asintió nervioso, con un gesto afirmativo de cabeza, todavía no repuesto del susto. La sargento de policía se hizo cargo de la situación, aquel hombre acababa de sufrir una experiencia traumática...
-Mire, abuelete, ¿no tiene usted familiares? ¿Quiere que le vea un psicólogo?... ¡Bueno, ya pasó todo!
   Esa misma noche Arnoldo Práxedes volvió a despertarse en su casa, tiritando de temblores, con la sospecha fundada de que su pesadilla amiga le había jugado otra de sus malas pasadas. Arrastró despacio sus pies por el pasillo, pero la puerta estaba allí, cerrada e intacta...
-¡Maldita sea, ...otra vez! -exclamó casi con alivio.
   Mientras preparaba el desayuno sonó el teléfono.
-¿Qué tal se encuentra, abuelete? -la voz de la sargento se oía clara, conciliadora.
-...¡Ah, sí!
-Le he conseguido hora para el psicólogo, ¿qué tal le viene mañana por la tarde?
-Ya se me ha pasado, déjelo, gracias. Gracias, ya pasó...
   En el fondo Arnoldo Práxedes se encontraba a gusto en compañía de su sueño, era muy mayor ya para cambiar.

.
*”Es Una Colección de Cuadernos Con Corazón”, (c) Luis Tamargo.-

http://soncuadernos.galeon.com/amediadpdf.pdf

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24 comentarios

LeeTamargo -

...Tú siempre con proyectos en marcha, Gatopardo. Repónte ya que tengo ganas de volver a escucharte, amiga...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Gatopardo -

Es perfecto para un guión de teatro radiofónico.
En cuanto me reponga un poco, vamos a liarla otra vez con nuestra jarapa de voces. Y este relato es muy bueno.

LeeTamargo -

...La soledad otoñal amenaza ya con adentrarse en el invierno, White, pero nunca es tarde. Tal vez un sueño triste, pero sueño al fin y al cabo...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

white -

Las soledades otñales se agarran hasta de las pesadillas recurrentes, que por serlo, pasan a formar parte de uno y nos acompañan siendo difíciles dejarlas marchar.
Saluditos

LeeTamargo -

...Siempre, Brisa, aunque no nos demos cuenta. Gracias a ti por venir a leerme y compartir, amiga...
TE SALUDO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Sí, Corazón, un ejemplo exagerado de que sueño en soledad puede transformarse en mal sueño.
...¿Me lo dices en serio, Cora? Bueno, no es para entristecerse, al menos te ha servido para aprender sobre qué te gusta leer y por qué... GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Creo que no es ahí donde elegimos, Silvia: soñamos y lo interesante es conseguir cumplirlo. Aunque nuestro protagonista no logre gran cosa tampoco es un fracaso, tiene su sueño y es él; la vida siempre tiene sus motivos... GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Por supuesto que lo estamos, Noemí, la soledad nunca nos abandona. Lo triste es que se convierta en la única forma de vivir... OK, SALUDÁNDOTE:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Así es, Dari. En el caso de nuestro protagonista la soledad, el sueño y la pesadilla eran reales. Toda una vida para seguir solo...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Estoy de acuerdo, Zuri, estamos solos con nuestros sueños, pero no tenemos por qué vivir solos...
OK, SALUDOS: LeeTamargo.-

Brisa -

A veces los sueños nos sueñan a nosotros. Bonito relato Lee, tenía mono de leerte.. gracias por tu compañía amigo. un fuerte beso

Corazón... -

Hola Lee...

Ya, un relato excelente como siempre. Creo que es la soledad la que hace que tenga esas pesadillas, pero muy en el fondo seguramente se ha acostumbrado a vivir con ellas. ¿Qué sería de nosotros sin los sueños? le dan un toque importante a nuestra vida :)
*******

Lee, decirte que la otra noche vaya... vaya no ha sido la mejor elección buscar algo de lo recomendado, fue la causante de que me fuera a la cama con mucho miedo de tener pesadillas :)) ya sabrás alguien como yo poco afecta a las historias de terror :(( Creo que no soy apta para ese tipo de lectura lo he comprobado.

Un saludo y gracias!

;o)

Silvia -

Nunca he sabido qué es mejor, despertarse y querer seguir en el sueño, o darse cuenta de que nunca se ha soñado.

LeeTamargo -

...Me alegro, Sabbat. Agradecido con tu visita, amiga... SALUDÁNDOTE:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Así es, Luunna, siempre nos acompañan. Aunque compartir los sueños puede ayudar a verlos cumplidos...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Lo único que tenía era un sueño, Trini, pero sólo cuando dejaba de ser una pesadilla.
Sí, amiga, la imaginación a veces cuesta trabajo...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Buen hábito ese de la lectura, Cieloazzul. A mí me pasa algo parecido también con la escritura. Gracias por acercarte, amiga...
ME ALEGRO: LeeTamargo.-

noemi -

Aunque en el fondo, siempre estamos solos.... de todos modos.

Besitos Lee

DArilea -

El miedo a la soledad hace del sueño una pesadilla
Besitos es un placer leerte.

Zuriñe -

Nunca estamos del todo sólos, los sueños siempre nos acompañan y son nuestros más leales amigos. Yo que soy muy soñadora así lo veo, el día que me falten no merecerá la pena seguir...Un abrazo, estupendo relato.

sabbat -

Estupendo relato Lee.

Un saludo

Luunna -

Lee nuestos sueños son los que nos acompañan siempre acompañados o solos, ellos siempre estan ahi.,un placer leerte
Un abrazo que tengas un buen fin de semana
Luunna

Trini -

Al menos tenia alguna compañía y es que los sueños además de ayudarnos a vivir hacen menos cruda la soledad.
Un estupendo relato Lee, me maravilla tu imaginación.
Besos

cieloazzul -

Ays LEE, siempre me dejas con una sensación de mucho agrado al leerte, es como cumplir con un hábito para crecer...
que buen relato...
excelente...
buen finde:)
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