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LEE TAMARGO

PUÑAL SIN NOMBRE

PUÑAL SIN NOMBRE     El grupo de jinetes contemplaba el poblado desde lo alto, parapetados tras las peñas aguardaban la más leve señal con el aliento contenido y las manos cerca de las armas. El vigía blandió los brazos juntos de un lado a otro y volvió a repetir el movimiento, justo lo que estaban esperando... Buenas y malas noticias. Una patrulla romana se acercaba desde el sur, tranquila y ajena a su presencia; la buena era la llegada de Fronto, de la tribu de los corcontois y cabecilla cántabro. Cuando se unió al grupo de guerreros sus miradas fieras hablaron en crudo silencio...
-El chico lo hará...
   Apostados en las rocas no tardaron en divisar la delgada columna de humo que se elevaba horizonte arriba. El poblado ardía, aún antes de que el ataque romano hubiese comenzado, antes de que al igual que a las tribus vecinas de Vadinia y Moroica les hubiera llegado el turno de ser conquistadas. Eran demasiado orgullosos para tal tipo de humillación, era preferible morir antes para eso.
   En el poblado sólo quedaban los viejos, las mujeres y los niños, inservibles para morir luchando. Por eso el muchacho no trató de comprender cuando su padre le conminó a matarles antes de que cayeran en manos enemigas y, con el puñal que momentos antes le había entregado, cumplió la orden sin escrúpulos. Sus hermanos pequeños, menores que él, también encontraron el final de sus días en sus manos. Luego, ágil y certero, prendió las cuatro esquinas del campamento hasta que la densa cortina del humo le obligó a salir. Sin embargo no obedeció del todo la orden y escapó monte arriba, hacia el bosque, en vez de arrojarse al precipicio.
   Esta vez el vigía, en cuclillas, juntó los brazos hacia el suelo al tiempo que se agazapaba...
-¡Maldita sea! -farfulló el rudo Neco al comprobar que la patrulla romana había ya descubierto el fuego y que el joven muchacho ascendía la pendiente a su encuentro...
   Los guerreros prepararon los dardos cuando los soldados pasaron bajo sus pies a rápido galope. El muchacho corría tan absorto en la huída que no se apercibió de la patrulla ni del centurión romano que se desvió para capturarlo. El centurión reía en voz alta con el muchacho agarrado bajo el brazo como un vulgar cerdo mientras pataleaba. Neco sujetó el brazo de su hermano Sica, al lado suyo, dispuesto para asaetear al romano...
-...¡Espera!
   El oficial romano se había quedado rezagado de la patrulla y, sin dejar de reír, concentraba todos sus esfuerzos en domar el ímpetu de aquella incómoda fierecilla que amenazaba con tirarles a ambos de la montura. La risa cesó cuando tocaron el suelo en sorda caída, al romano se lo impedía el puñal que le entró por la estrecha abertura entre la coraza y el cuello. Luego, el chico se hizo de la cabalgadura y galopó raudo hacia las peñas.
   El grupo de guerreros cántabros lo recibió en corro. La expresión urgente de sus rostros hacía inútiles las palabras, el chico se lo había ganado a pulso y, a un gesto tosco de Fronto, se pusieron en marcha. Llevaban años padeciendo los estragos de aquella dominación, aunque tampoco antes les faltaron otras, siempre guerreando, no era eso de temer para ellos. Nunca toparon con un enemigo así, tan organizado y numeroso, que no cejaba en reintentarlo y que estaba logrando sacarles de sus territorios. Ellos que siempre habían sido la pesadilla de sus tribus colindantes, que asaltaban sus cosechas y ganados, probaban ahora el áspero sabor del pillaje en su propia carne. La afamada estirpe guerrera que tanto les acompañó y traspasó fronteras se veía ahora condenada por el peso de su propio renombre. Ellos mismos habían tenido que dar muerte a sus mujeres y ancianos, convertidos en verdugos de sus familias y de sus tribus, ellos mismos habían incendiado sus propios castros, habían visto a otros guerreros tirarse al vacío desde las rocas, prenderse fuego o envenenarse con el dios Tejo, todo antes que vivir rendidos o derrotados. Antes era morir luchando , ahora huían...
   Las noticias que traían los dos vigías obligaban a tomar nuevos rumbos. Hacia el interior vislumbraron grandes huestes romanas en movimiento que se desplazaban hacia el noroeste, tal vez una o varias secciones de la gran Legión Macedónica que se asentaba al otro lado de la cordillera. Además, debían evitar atravesar los terrenos de los Turmogos con quienes habían batallado en otras ocasiones, pero ahora sometidos al yugo invasor. Ellos que convirtieron su nombre en sinónimo de temor con solo pronunciarlo contemplaban impotentes el inútil derroche de tanta sangre valiente... Allí, al borde del desfiladero, el caudillo tomó la decisión de separarse, unos sobre los montes, otros a través del valle y las cañadas. Sabía lo que aquella decisión representaba, significaba el fin de su hegemonía, morir luchando lejos de sus fronteras, pero antes ya estuvieron en otras contiendas, él era un veterano que estuvo en Numancia y ese era su hogar, la guerra...
   El muchacho asintió a la jaculatoria del jefe:
-...Ahora tu nombre es Corocotta. ¡Vendrás conmigo!
   Antes de despedirse aquella veintena de cántabros entonó y danzó sus cantos ancestrales, después se fundieron con la oscuridad donde vigila el búho y acecha el oso.

*Es Una Colección “Son Relatos”, © Luis Tamargo.-
http://soncuadernos.galeon.com/orillaslupdf.pdf

 

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16 comentarios

LeeTamargo -

...La ficción histórica sirve para abordar la historia desde otros ángulos, inusuales, entretenidos y, además, esclarecedores. Me alegro entonces, Brisa...
TE SALUDO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Sí, Trini, hay que ser un héroe para sobrevivir a las guerras. Pero hoy la heroicidad consiste en vivir y mantener la paz...
ME ALEGRO: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...La lucha es inevitable, Corazón, pero no así la guerra que conduce a una espiral irrefrenable. Se debería aprender de errores pasados... GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...La más dura y además, Alma, la única que merece la pena... SALUDÁNDOTE:
LeeTamargo.-

Brisa -

Como me cuestan esos retazos de historia, pero tú Lee has conseguido que me la beba a sorbos :) Besos¡¡

Trini -

Lee me ha gustado mucho este relato entre historico y épico. Hay que ser muy valiente o carecer de cordura para ser héroe en una guerra, en cualquier guerra.
Precioso relato.

Un abrazo

LeeTamargo -

...Los cántabros fueron el último pueblo de Hispania conquistado por los romanos; hasta el propio César tuvo que venir en persona para solucionar la difícil papeleta que duraba ya casi dos siglos.
Con las guerras la humanidad llegó hasta hoy y, ya ves, no parece que hayamos aprendido mucho. Pero qué te voy a contar yo a ti, Caboblanco...
SALUDÁNDOTE:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Desde luego, Santino, hay materia para una novela o más. Pero el espacio breve de un relato sabes que obliga a concentrar los elementos. Y yo elegí este instante en que el final de una cultura se transforma en mito, sobreviviendo así a su desaparición... GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Así fue, Emer. La fiereza de los pueblos cántabros avaló su prestigio como guerreros y mercenarios. Antes que ser sometidos preferían acabar con los suyos, incluso con ellos mismos. Las lecciones de la historia son crueles. Gracias por tu lectura...
SALUDOS: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Me alegro, Asmadeus, porque también disfruté bastante dando forma a esta recreación histórica. Corocotta fue un caudillo cántabro del que nada o poco se sabe, pero que existió e hizo historia. Encantado de compartirla...
OK, TE SALUDO:
LeeTamargo.-

Corazón... -

El panorama que ofrece la guerra es muy difícil, pero más aún dar fin a lo que más se quiere para evitar que alguien más lo haga :(

¿Y de que le sirve la vida si se ha quedado solo? Ahora se enfrentará a una lucha igual de difícil con él mismo.

Excelente relato, gracias Lee :)

;o)

alma -

La más dura de las batallas es la que uno hace consigo mismo.
Besotes!!

caboblanco -

Las guerras cántabras fueron durísimas para el recién estrenado Imperio, y Augusto tuvo que recurrir a la sabiduría de su mejor general Agripa, para someter a Astures y Cántabros. Y en todas las guerras queda espacio para que los hombres muestren lo peor de sí mismos, pero lo mejor también...

Santino -

Tantas barbaridades cometidas por las guerras... y tantas ciudades devastadas por la propia manos de sus ciudadanos, como por ejemplo Numancia. Sin embargo, tengo que decir que la épica es uno de los motivos que más consiguen emocionarme y fascinarme. Así es como el arte, a través de sentimientos como la nobleza o la heroicidad, consigue sublimar algo que en la realidad puede ser horrible. Por eso me gustó tanto tu relato. Aunque pienso que tiene sustancia para un texto más extenso.

Un saludo.

Emer -

La batalla cruel, la lucha consigo mismo dando fin a lo que más se quiere.
Trepidante relato, un saludo

Asmadeus -

Tiene mucho de western montañés este relato. Muy bien documentado y narrado con elocuencia. Me ha gustado, tiene mucha fuerza.

Un abrazo, Corocotta.
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