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LEE TAMARGO

TARDE DE PESCA

TARDE DE PESCA

     Los consejos de su mujer obraban milagros.

-¿Hoy vas al río?

   Aquella tarde Eliseo se acercó al río siguiendo la indicación de Inma; venía haciéndolo con cierta regularidad desde su reciente despido. Le servía para relajar su situación, además de propiciar alguna trucha para la cena. Si algo de bueno había tenido aquel mal trago lo era el hecho de haber recuperado su antiguo hábito de ir a pescar a la misma orilla donde aún jugueteaba su niñez, donde estrenó también sus primeros escarceos amorosos, el mismo lugar al que acudía cada fin de semana con su mujer y el pequeño en busca de reposo e intimidad. La pesca le devolvía a los años de infancia cuando en el pueblo dedicaba tardes enteras a vagabundear por las orillas en busca de fácil entretenimiento, cuando refugiaba su soledad en el placer de la pesca o en la solitaria compañía de un libro. Ahora, sin embargo, sin menospreciar las cualidades terapéuticas que Inma le achacaba, le servía de pretexto para ocupar el rato cuando se avecinaba demasiado vacío.

    Esta vez no pudo colocarse donde tenía acostumbrado: una pareja de jóvenes rezongaba entregados a su amor temprano bajo la sombra del enorme sauce. Le gustaba aquel sitio por el frescor que desprendía en verano; ahora aún podía disfrutarse esa sensación de paz que sólo perseguían las parejas o algún transeúnte a la búsqueda de sosiego. Algunos muchachos aún se acercaban hasta allí en bicicleta igual que lo hizo él a sus años. Siguió orilla abajo en busca de un lugar no demasiado vistoso, las truchas se las sabían todas y tenían además buen oído. A una veintena de metros distinguió un grupo de abedules, allí los berros también estaban crecidos por lo que podía estar resguardado a la vista de las truchas; echó la caña y se sentó en la hierba, apoyado con la espalda en el cesto y las piernas estiradas. Luego, extrajo el libro que estaba leyendo dispuesto a proseguir la lectura, pero apenas llegó a abrirlo... Un grito agudo cruzó la tarde apacible y, de un golpe, Eliseo se descubrió en cuclillas, alertado, listo para saltar, tal vez para salir huyendo. Reconoció a la pareja que le había quitado su sitio preferido de pesca. La chica corría delante sin cesar de gritar, señalaba con insistencia hacia el río, mientras el chico la seguía sin hacer nada por callarla. Lucas se incorporó cuando, de la sombra de los abedules, surgieron más espectadores, hasta entonces ocultos. Un remolino de gente contemplaba ahora la zona hacia donde la chica había señalado; el novio la abrigó con su chaqueta y, abrazados, contemplaron atónitos el cadáver que flotaba en el centro de la corriente. Al principio Eliseo no distinguió nada, se acercó hasta ellos cuando dejaron de correr y por fin ella dejó de chillar. Pero no cabía ninguna duda, aquello era el cuerpo de un hombre semihundido que la leve corriente conducía río abajo. Un grupo poblado de berros altos le detuvo en su descenso y el cadáver quedó parado, trazando un semicírculo en dirección a la orilla, hasta que por fin se inmovilizó. Alguien debió de preocuparse en avisar a la policía porque en cuanto llegaron los agentes el grupo de personas que presenciaban la escena era inusual para aquella hora en aquel lugar de paseo. A Eliseo le intrigó la escena, desde luego, sobre todo después de aquel susto que le había interrumpido su tarde de descanso, pero tampoco halló especial motivo para interesarse en un hecho fortuíto que  había alborotado en exceso la tranquilidad del lugar. Por eso recogió la caña, el cesto, el libro y optó por marcharse; de repente aquello se había llenado demasiado…

    Cuando se lo contó a Inma lo hizo con indiferencia, mostrando su pesar por la tarde desperdiciada:

-Habrá que dejar descansar al río por unos días…

    Pero ella le recriminó su comentario negativo. 

   Al día siguiente no se hablaba de otro tema en aquella pequeña población donde raras veces ocurría algo digno de destacar salvo las últimas inundaciones fluviales que hacía cinco años atrás desbordaron los márgenes del río a causa de un tremendo temporal de lluvias torrenciales. Pero siempre que se hablaba de ellos era con motivo del río. Los habitantes casi se alegraban de que toda noticia se reservara a su protagonismo, señal de que el tesoro de su rutinario bienestar seguía intacto. Pero no fue hasta ese domingo cuando la prensa local dio buena cuenta del acaecido suceso.

   Inma regresaba de comprar el periódico y el pan cuando Eliseo le increpó por su chaqueta americana desde la habitación. Con el rostro hundido entre la ropa que colgaba del armario, Inma le escuchaba con dificultad.

 -¿Qué te pondrás para la entrevista de mañana? –le gritó a su vez desde la sala.

 -Eso estoy buscando, la americana diplomática, iré bien así…

      Inma leía cada domingo los anuncios de trabajo con un obsesivo ritual. Sin despojarse aún del abrigo, recién llegada de la calle, hojeaba las páginas a la búsqueda de una posible oferta adecuada para su marido. Era demasiado tiempo sin encontrar empleo y la subvención finalizaría en pocos meses, luego habría que seguir cubriendo sus necesidades y, además, a Lucas le gustaba su trabajo, le mantenía en orden y ocupado, sincronizado con la realidad; no era precisamente un candidato ideal para el ostracismo.

  -¡Nada, hoy tampoco! –exclamó, pasando a la sección de noticias locales.

      Eliseo entró al salón exhibiendo la chaqueta como un trofeo, después de tanto ahínco que empeñó en su búsqueda.

 -¡Por fin! Irá como anillo al dedo para la ocasión… ¿Qué lees?

   Inma señaló con su dedo índice la foto del ahogado en el río sin dejar de leer en voz baja el desarrollo de la noticia. A Eliseo le inquietó la cara que puso Inma al preguntarle, era el gesto que destinaba a las contrariedades:

 -¿Cómo se apellidaba aquel jefe tuyo, el que…? –se detuvo temerosa por hallar la expresión apropiada…

   Eliseo intuyó algo:

 -Déjame, a ver…

   No había lugar a dudas, era él, coincidían los datos del nombre y los apellidos, la edad y lugar de origen. Se trataba de un ejecutivo, un jefe comercial, apuñalado, antes de ser tirado al río. En las páginas centrales un extenso reportaje detallaba las causas y pormenores del crimen. Una de las fotos mostraba la imagen del antiguo jefe de Eliseo, aquel que le empujó al callejón sin salida del que aún pugnaba por escapar. Las sospechas parecían demostradas cuando afirmaban que uno de los integrantes de su equipo estaba desaparecido desde la reunión reciente que mantuvieron la tarde anterior. Eliseo se involucró en la noticia, se apoderó por completo del periódico mientras Inma le observaba a media distancia, con gesto preocupado, expectante, ante la reacción.

  -Sí, es él… -murmuró Eliseo en un hilo de voz imperceptible.

   Inma se atrevió poco a poco a  acercarse y, ambos, siguieron leyendo juntos…

 -No es de extrañar, quien mal anda… -Eliseo no acabó la frase, dejó a Inma que continuara sola la lectura, a él esa historia no le concernía-. En realidad nunca conocí a ese tipo…

    Eliseo regresó a su habitación, reordenaba toda la ropa que había revuelto del armario cuando notó a Inma detrás de él.

 -Ese traje te sienta de maravilla, mañana irás hecho todo un señor…

 -¿Crees que conseguiré el trabajo?

 -Te va a traer suerte, sí…

   Eliseo se volvió hacia ella, aguardaba una regañina por el revoltijo de ropa extendida sobre la cama, pero ahora se mostraba solícita, condescendiente. Se incorporó y se abrazaron, aún era pronto para recoger al chiquillo del colegio; rodaron sobre el lecho, apartando el vestuario con un golpe rápido del brazo, entregados al disfrute de un amor posado, maduro y sólido, forjado en el transcurso de una vida compartida sin dobleces. En Inma encontró el apoyo que siempre anheló, su complicidad en los duros momentos les había hecho más fuertes, más unidos. Hicieron el amor como dos enamorados que ya conocían el camino a recorrer, con la desenfadada veteranía que les proporcionaba el saber que se tenían, dispuestos a disfrutar del instante que la vida se avenía a regalarles al paso.

.

         *Es Una Colección “Son Relatos”, © Luis Tamargo.-

http://leetamargo.blogspot.com 

 

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8 comentarios

LeeTamargo -

...Sí, Dari, en el río de la vida podemos pescar muy buenos momentos. Gracias por tu lectura y palabras, amiga... SALUDÁNDOTE:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Me alegro, White. Es la vida cotidiana la que nos ofrece los ejemplos de las más auténticas aventuras, las que de verdad merecen la pena... TE SALUDO:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...En efecto, Corita, frente a las malas experiencias o situaciones que salen a nuestro encuentro, el amor puede convertirse en nuestra herramienta de superación. Agradecido con tu visita y lectura, amiga...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Corazón... -

Hola Lee :)

Excelente relato. El amor siempre es tan valioso en cualquier circunstancia de la vida, más, mucho más en los momentos difíciles de la vida.

Hay momentos en los que nos sentimos realmente perdidos, y es tan importante ese brazo que está a nuestro lado apoyando sin poner condición :)

No sé si el jefe se lo merecía, pero bien reza el dicho "el que mal anda, mal termina".

Un deleite siempre pasear por éste tu espacio.

Buen día, Lee :)

;o)

Darilea -

La vida es un ir y venir de sucesos.
Besitos luis, coincido con Trini.

white -

Todo un placer, una vida cotidiana que tus letras hacen extraordinaria.
Buen fin de semana

LeeTamargo -

...Agradecido, Trini, me alegro. Tú puedes comprender por qué tus palabras son un regalo para alguien que escribe... GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

Trini -

Me encanta tu manera de describir, es como si te leyera, estando yo misma dentro del paisaje.Un placer leer tus relatos

Un abrazo Luis
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