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LEE TAMARGO

E S P E S U R A

E S P E S U R A

    Aún no había amanecido y era muy probable que aquella mañana gris nunca lo haría. El temporal golpeó con saña durante toda la noche anterior y, con el alba, llegó la esperada calma para las zarandeadas copas del bosque. En el semblante húmedo de cada árbol se reflejaba el triste presagio de lo que ya sabían no iba a ser un día fácil. Al Hermano Grueso lo había alcanzado un rayo en su parte media y la agonía se precipitaba ya hacia su desgarrador final. El bosque entero lamentaba su pérdida y, agolpado en torno suyo, arropaban su último aliento con un cántico de hojas.

   El Hermano Grueso era un veterano, había sobrevivido a cientos de nevadas y de tormentas si cabe más peligrosas que aquella. Incluso, cada año, había vencido el cerco de los fuegos que diezmaban la población. En muchas ocasiones alentó con su canto a los otros árboles heridos o moribundos, como ahora lo hacían con él. En las hermosas noches de luna sus historias sirvieron de lección para los Tallos Tiernos; les contó del curioso ser que viene del exterior, sordo a sus súplicas, y que cercena los troncos de los hermanos más robustos. Esa extraña criatura era la misma que cada verano incineraba la paz y rompía la calma de su hogar. Todos reconocían su sabiduría y, apenados, le animaban para que aguantara mientras se iban despidiendo uno a uno.

   El grueso árbol sabía que caería, inclinado ladera abajo, justamente cuando el dolor de su costado alcanzara el umbral insostenible... Y con un quejido ronco quebró el horizonte del bosque para caer de lleno, con estrepitoso acierto, sobre el vehículo que ascendía por la carretera arriba.

   Los árboles contemplaron estremecidos el impacto. Luego, llegaron las otras máquinas y los gendarmes, que apartaron el grueso tronco. A los bomberos les costó trabajo sacar el cuerpo sin vida del conductor, así como rescatar sus pertenencias de entre aquel amasijo de chatarra. También encontraron las mechas, en gran cantidad, y el combustible preparado para impregnarlas... La noticia corrió rápidamente por la comarca, casualmente habían dado con el pirómano.

   En la espesura del bosque flotaba el alivio de una canción, tal vez un susurro de hojas... 

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      *Es una Colección “Son Relatos”, © Luis Tamargo.- 

http://leetamargo.blogspot.com

 

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13 comentarios

LeeTamargo -

...Créeme, amiga White, que la historia del viejo hermano árbol es una de las preferidas y más veneradas...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

white -

Y fue el gran árbol el que permitió que en ese bosque se pudiran seguir contando historias. Un placer leerte.

LeeTamargo -

...Sí, Hannah, el hermano árbol sabía lo que se hacía...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...La naturaleza tiene sus buenas y propias razones, Corazón. Lo triste es no dejar de ser los protagonistas y creernos con el derecho a no respetarla. Pero no aprendemos...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Hannah -

Un relato hermoso que ofrece -sion decirlo- el verdadero sentido de la vida: la entrega.
¡Felicidades, Lee!
Un abrazo entrañable
Hannah

Corazón... -

Hola Lee :)

El Hermano Grueso, sin lugar a duda fue un gran amigo del bosque. Me gusta la forma en que describes la amistad y fraternidad que debería existir en todas las especies del mundo :)
Lo triste ha sido el final, seguramente el Hermano Grueso no hubiese querido caer sobre ese individuo que pasaba justo a su paso :(

Ha sido un placer lo he disfrutado en grande :)

Buen día Lee...

;o)

LeeTamargo -

...Así es, Trini, entregó su vida para la vida. Cada bosque es un milagro que contemplamos...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Me alegro, Peregrina. Encantado de compartir este tramo del trayecto...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Trini -

Al final, el Hermano Grueso, entregó su vida para salvar al bosque en pleno.
Estupendo relato Lee, me ha gustado mucho.

Un abrazo

peregrina -

Hermoso recorrido. Fue bueno llegar

LeeTamargo -

...Me consta que a usted también le llegó la canción del bosque, señor Wolffo. Pero tuteémonos, amigo: puedes encontrarme al final, casi al final del todo...
SALUDÁNDOTE: LeeTamargo.-

Wolffo -

Perdone usted, pero trato de encontrar un vínculo a su e-mail y no lo encuentro.
¿Sería tan amable...?

Wolffo -

Me ha encantado el relato, con ese formidable giro final, señor Tamargo.
Un placer, un verdadero placer.
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