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LEE TAMARGO

Capítulo II: DESTINO INCIERTO

Capítulo II: DESTINO INCIERTO

    A Lucas le molestó la imprevista invitación de dos inesperados compañeros de viaje, coincidía que Raquel y José tenían un amigo en común en Madrid y entablaron franca relación al momento, por lo que Lucas asumió resignado las nuevas compañías. Había algo en José que le confundía, pero bastaba observarle con atención cuando conversaba para caer enseguida en la cuenta de que se trataba de esa propensión suya a las drogas lo que explicaba su algo más que aparente dejadez de movimientos, que se traducía en cada gesto, incluso en el modo de hablar, y de aquella incapacidad que mostraba para tomar determinaciones cuando se requería un criterio propio, tal era su aspecto frágil y poco consistente. José parecía estar continuamente fuera de juego, sin criterio ni opinión y Magda decidía por él, pero sin convencimiento, dejándose llevar por el mejor postor; era guapa, pero había dado con el tipo inapropiado. La solidez de la pareja se le antojaba dudosa, más proclives al cambio repentino que a un deseo auténtico. Apenas les había conocido dos días antes, en el transcurso de recogida y preparativos del viaje y ya se habían apuntado a su incierta aventura. Lucas se dio cuenta de que a Magda no se le escapaba su aguda capacidad de observación y optaba entonces por disimular, cambiar de conversación o desentenderse; le pareció incluso entrever una especie de oscura atracción de la muchacha del otro hacia él, a la que prefirió resistirse a creer.

   Con un largo estertor el tren anunció su llegada. Lucas, una vez más, jaló del grupo:

-No os durmáis ahora, tenemos el tiempo justo para atravesar la estación hasta el otro andén, no vayamos a perderlo…

   Cargaron las mochilas con parsimonia, mientras Lucas abría la avanzadilla un tanto apresurado, volviendo la vista atrás cada poco para comprobar que le seguían. Harto de tirar del grupo y desmoralizado ante la triste estampa de sus débiles voluntades, Lucas entró en el primer vagón que encontró medio vacío y recorrió varios de los compartimentos hasta decidirse por uno donde sólo estaban sentadas dos mujeres, una chica joven rubia y una monja.

-¿Este tren es el que va para Granada, verdad? –preguntó para asegurarse y romper el hielo, a modo de presentación.

   Las dos mujeres asintieron. Colocó la mochila en lo alto del cabestrillo y llamó a los otros, saliendo al pasillo, para que se acercaran a disponer también de sus nuevos asientos. Aún quedaba un largo trecho que aprovecharía para descansar. Su amigo Marco le esperaba en Granada y quería estar fresco para todo lo que quedaba pendiente de acometer. Además, tampoco tenía muy seguro la impresión que a su amigo le causaría aquella inesperada compañía.

 

 

    Hasta que el tren no se puso en marcha Lucas no acusó el cansancio; el traqueteo de los vagones le ayudó a rendirse y, sin oponerse, se dejó llevar. Se quedó dormido, apoyado en el hombro de la chica rubia que tenía sentada al lado que, muy condescendiente, no se molestó.

El tren desapareció en la noche como un río en la espesura...

 

 

 

 

 

 

 

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http://leetamargo.blogspot.com

*"Donde el río regresa" es una Novela original de (c) Luis Tamargo.-

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