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LEE TAMARGO

Capítulo X: FUGA EN EL LAGO

Capítulo X: FUGA EN EL LAGO

    No era el procedimiento habitual, pero debido a las circunstancias de la detención el profesor había sido interrogado en las dependencias policiales de Bezin, las más próximas al lugar donde fue encontrado. Por ello debía de ser trasladado cuanto antes a la penitenciaría comarcal de Los Llanos. Y eso fue lo primero que hizo el sargento en las primeras horas del sábado, no deseaba contravenir las órdenes ni provocar altercado ninguno de índole protocolario; además, la prensa no tardaría en difundir la noticia.

   El prisionero no había provocado signos especiales de atención en toda la noche. El sargento, que escrutaba cada uno de sus movimientos, casi se atrevería afirmar que no había pegado ojo; sentado, hundido el rostro contra el pecho, tal como le dejó el inspector Ródenas al fin de su interrogatorio. No obstante destinó el furgón policial para el traslado, un conductor y al teniente de reconocimientos, relevándole así por unos momentos de la amplia tarea de búsqueda de cadáveres en las cercanías del lago que, lo más probable, se prolongaría en semanas sucesivas. No quería movilizar otros dispositivos, sería suficiente; apenas una treintena de kilómetros les separaba de la penitenciaría de Los Llanos si bordeaban el bosque por la carretera local, menos transitada, sobre todo a aquellas horas. El sargento dio las últimas recomendaciones al teniente:

-Dígale al brigadier que lo recluya, incomunicado: el lunes deberá comparecer ante el juez. En celda de aislamiento, ¿entendido?

-¡Entendido, señor!

   Los dos oficiales acompañaron al recluso hasta el furgón; el teniente subió con él atrás, mientras el conductor arrancaba el motor y se ponían en marcha.

   La carretera hasta Los Llanos se retorcía entre curvas serpenteantes al borde del lago; sin raya pintada en los tramos centrales y con las zarzas invadiendo el arcén podría dar la impresión a un profano de que, en cualquier momento, el vehículo volcaría de mantener esa endiablada velocidad, pero la veteranía del conductor parecía adivinar lo que resultaba invisible al final de cada curva. Del otro lado, un bosque surtido de variopintos verdes que la niebla matutina apenas dejaba entrever extendía su manto fantasmagórico, aunque desapercibido para el ocupado teniente y su prisionero que, con el vaivén de las curvas, se esforzaban por mantener el equilibrio.

   

  Aquella mañana el inspector Ródenas apenas aguantó algo más en la cama sin dormir, a pesar de que era su día libre; libraba uno de cada tres sábados, pero ni siquiera eso le mantuvo acostado. Ya le había costado incluso conciliar el sueño la noche anterior, después del interrogatorio, al final de la tarde, a aquel loco del lago que llevaban persiguiendo durante años y que tenía constatado que casi siempre terminaban por delatarse y aparecer en el momento menos insospechado, más inoportuno, así se lo ratificaba su experiencia. Estaba esparciéndose la espuma por la cara para afeitarse cuando sonó el teléfono, algo que de verdad le molestaba y, casi al mismo tiempo, la cafetera inició un agudo chillido pronunciado...

-¿A ver...?

-Ródenas...

-Un momento, voy... -el inspector se apresuró a apartar la cafetera y apagar el fuego.

-Sí, a ver...

-Verá, inspector, ya me disculpará. Sé que hoy es su día libre, pero tenemos noticias recientes... Malas noticias.

-...¡Al grano, sargento!

-El profesor que capturamos en el lago y que usted interrogó ayer tarde ha huído... Sí, se fugó durante el trayecto a la penitenciaría de Los Llanos, por la carretera vieja...

   El inspector Ródenas escuchaba con los ojos entrecerrados, casi maldiciendo.

-Continúe...

-No le hemos avisado primero hasta confirmar del todo el alcance definitivo de los hechos, señor. Atacó al oficial que lo acompañaba en el asiento trasero, le atenazó con las esposas y le quitó las llaves, así pudo liberarse las manos. Luego saltó a la cuneta, creemos que ha desaparecido por el bosque que rodea las afueras de Bezin. He destinado una patrulla en su búsqueda, señor.

-Y al oficial... ¿qué le ha pasado? ¿cómo está? -inquirió Ródenas, desviando su enfado con un tono interesado.

-Lo estranguló, señor, le partió el cuello; sí, se trataba del teniente Benitez, Iñigo Benitez...

-...Vaya, lo que faltaba, ¿alguna desgracia más?

-No, señor, al conductor no le ocurrió nada, se detuvo al oír el ruido de la puerta que bateaba abierta. Se encontró dentro el cuerpo del compañero y ni rastro del preso; enseguida dio parte a la Central, señor.

   El inspector no cesó de maldecir para sus adentros. Era consciente de que el fugado había regresado a su líquido elemento: en aquella zona se movía como pez en el agua, era el territorio que durante todo aquel tiempo había andado recorriendo y donde se había ocultado hasta que su propio despiste le entregó; ahora no volvería a cometer otro error similar, eso aún dificultaría más la labor. Ródenas tragó saliva antes de sobreponerse con un tono de aparente calma:

-Escuche, sargento, quiero a todo el personal rastreando ese bosque. Envíe una patrulla que recorra la orilla del lago y también un helicóptero, ¿entendido, verdad?

-¡A la orden, señor!

-Bien. Estaré ahí en media hora.

 

.

 

 

 

*"Una señal de Luz" es una novela original de (c) Luis Tamargo.-

 

 

 http://leetamargo.galeon.com/leemislibros.html

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5 comentarios

Trini -

Pues tendrá ue tirar por otros derroteros en sus pesquisas pero ese médico creo que está implicado en el asusnto.

Un abrazo Luis y feliz Navidad.

LeeTamargo -

...Eso siempre es mucho, amigo Dino, me alegra tu visita... GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Lo único corto es el fin de semana, White; es la intensidad lo que cuenta. Pero dado el panorama trabajemos, que no falte... GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

Dinosaurio -

La novela mantiene la tensión y el interés. Me está gustando.
Un abrazo.

white -

Bueno, por fin viernes. Es que me equivoqué, creía que la fiesta era el viernes y por eso pedí la anticipación, pero no, es laborable y ya le he robado unos minutos al trabajo para leer el capítulo de la semana. ¿cada vez son más cortos o es que los leo con más avidez?
No trabajes tanto y relájate estos días. Saludos festivos
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