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LEE TAMARGO

Capítulo XV: CONTINÚA LA FUGA

Capítulo XV: CONTINÚA LA FUGA

    Los ruidos de las hélices de los helicópteros sonaban con un intervalo de frecuencia cada vez menor, señal de que estaban estrechando el cerco en torno a él; al mismo tiempo podía oír también el de los motores de alguna avioneta, aunque se trataba de un ruido distinto: algún aparato estaba aterrizando no muy lejos de donde él se encontraba oculto. No podía malgastar más tiempo en aquella improvisada huída. Desconocía el bosque, se sentía incapacitado para calcular el perímetro de aquella zona boscosa en la que nunca se había adentrado, pero siguió el curso de la luz una vez logró escapar del primer peligro inminente y los ladridos de los perros quedaron atrás. Se detuvo para escuchar; no había duda, aquel ruido provenía de un aeropuerto cercano. De repente se le iluminaron los ojos del entendimiento y, en cuanto salió al claro, despejó cualquier duda. Se trataba del aeropuerto deportivo que se anunciaba a las afueras de Los Llanos. No había tenido tan mala suerte entonces.

      Apostado tras la primera hilera de árboles observó la evolución de la avioneta junto a los hangares. De ella se apeó un hombre que entró a la nave y, al cabo de unos minutos, regresó en una furgoneta de combustible; estaba repostando y, no pudo evitar una maliciosa sonrisa cuando contempló cómo sus perspectivas de esperanza se acrecentaban. Sí, no lo tenía todo perdido. Mientras el técnico continuaba con las tareas de llenar el tanque del aparato se fue acercando hacia la valla metálica que acordonaba el recinto; con ayuda del canto de una piedra puntiaguda, machacó los alambres hasta romper el nudo de la malla lo suficiente para que permitiera el paso de un hombre tan delgado como él. La pista del aeropuerto apenas presentaba señales de actividad; tan sólo dos hombres de buzo anaranjado hacían sonar las hélices intermitentes de otra avioneta, al otro lado de los hangares. Le favorecía la hora, era mediodía, muy probable por tanto que aquella gente marchara sin tardanza a comer. Sería su oportunidad.  

   Al cabo de un rato desaparecieron los dos hombres del buzo naranja en un vehículo todoterreno, pero el hombre de la avioneta continuaba concentrado en diversas faenas, una vez acabó de llenar el depósito de combustible. El profesor fugado le contemplaba entrar y salir del hangar; en una de sus idas y venidas sacó un bocadillo de una bolsa de deporte, por lo que tal vez estuviera dispuesto a completar el almuerzo allí mismo, sin abandonar el trabajo. Fuera lo que fuese lo que tuviera que hacer le urgía e importaba lo suficiente para comer de manera frugal, así que el profesor decidió pasar a la acción. Se arrastró bajo el borde doblado y roto de la valla metalizada que antes se había ocupado en cortar y, sin soltar la piedra que le había servido de única herramienta, se dirigió hacia el hombre que operaba en la avioneta, agachado ahora frente a una caja de herramientas extendida en el suelo. Al operario le pareció vislumbrar una sombra detrás, pero no tuvo tiempo de girarse ya que un certero golpe con la parte plana del pedrusco le dejó sin sentido sobre la pista. El profesor rebuscó entre los bolsillos del hombre hasta dar con un manojo de llaves que guardó; luego entró al hangar, alertado por si alguien más estuviera trabajando allí dentro, pero pudo registrar el local y, sin inconveniente, apropiarse de unos mapas que comprobó pertenecían a la zona; se llevó también una cartera con documentación personal, algunos billetes y tarjetas de crédito. Descolgó una gruesa cazadora de cuero marrón y, después de dar buena cuenta de los restos de otro bocadillo, subió al aparato con dos botellas de agua; todavía volvió a bajar para cargar con la caja de herramientas. Revisó los mandos y el resto de controles; el nivel de combustible, repleto. Perfecto, se dijo. La llave estaba puesta en el contacto, así que no tuvo que recurrir al manojo de llaves, pero aún así las guardó consigo. Después, por fin, hizo la primera prueba. Giró la llave y el motor rugió con un sonido redondo, casi que le pareció música celestial. La hélice giraba limpia, sibilante y uniforme. Sujetó los mandos y maniobró con suavidad para comprobar que la avioneta respondía a sus requerimientos. Ya enfilaba hacia la pista de despegue como antes, hacía muchos años, cuando practicaba con aeroplanos deportivos similares a aquel para sacar el carné de piloto de vuelos comerciales. Fue algo más que una afición, aunque las clases de literatura en el instituto resultaron más estables.

  La avioneta rugió de nuevo, con estridencia, antes de elevar el morro hacia las alturas y despegar con un vahído tembloroso que achacó a la falta de práctica; enseguida equilibró el bache inicial. Abajo, el bosque ocupaba mayor extensión geográfica de la que supuso, pero atrás dejaba el dibujo abigarrado de sus copas verdes, los montes sombreados, al borde del lago, entre los campos de Los Llanos. 

 

   Cuando llegó el inspector Ródenas era demasiado tarde. La primera pregunta la hizo desde el volante, sin apearse del automóvil:

-¿Sabía pilotar aviones?

-¿Quién iba a suponerlo...? -el agente intentó disculparse ante el inspector.

   Pero Ródenas volvía a la carga, con ironía, sin intentar ocultar el persistente enfado.

-...Sólo faltó una pancarta de despedida deseándole "feliz viaje"...

   Ahora sí que el profesor se les había escapado de las manos.

 

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*"Una señal de Luz" es una novela original de (c) Luis Tamargo.-

 http://leetamargo.blogspot.com

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2 comentarios

LeeTamargo -

...Normal, White, lo entiendo. Pero Internet impone (o me lo impongo yo) postear ál ritmo de un capítulo cada vez, así no se sobrecarga el lector ni uno mismo. Con el capítulo que sigue ya podrás leerla entera de un tirón. Agradecerte tu seguimiento, amiga, tu lectura, tus palabras... MUCHAS GRACIAS: LeeTamargo.-

white -

Me acabo de poner al día con los capítulos que has subido durante la Navidad y este último. La verdad esque me gusta más leer unos cuantos capítulos seguidos, me alimenta más. Sigo disfrutando con tu novela.
Saludos desde la "Madrid siberiana"
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