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LEE TAMARGO

Capítulo XVIII: UN PARÉNTESIS OBLIGADO

Capítulo XVIII: UN PARÉNTESIS OBLIGADO

     Tan sólo habían pasado dos días desde que Lucinda visitó las oficinas de la Jefatura Central de Policía y, en la segunda tarde, la llegada imprevista de Celeste al Gabinete la sobresaltó.

-Te eché en falta esta mañana, pero no te esperaba ahora, ¿pasa algo?

   Celeste se acicaló el pelo sin lograr despojarse de las prisas; tomó asiento frente al despacho de su jefa, como si de una cliente se tratara y, con gran esfuerzo, intentó evitar la tartamudez que la atenazaba.

-Es sobre Augusto... Verás, me llamó su abogado para confirmarme que ya estaban firmados los papeles de la separación.

-Bien, entonces...

-Le han detenido, está en la cárcel. El abogado me contó que hubo una redada en una discoteca a la que yo sabía que él solía acudir algún que otro viernes; le detuvieron con una papelina de cocaína en la americana. Pero después, dentro del coche y en la habitación donde se alojaba, encontraron suficientes sacos de droga para condenarle por unos cuantos años.

-Todo un personaje, por lo que veo.

   Celeste no ocultaba su nerviosismo.

-El abogado me dijo que el viaje a París tenía que ver con ese tipo de negocios -Celeste dudaba-. Me cuesta creer, él no parecía que...

-No parecía tantas cosas. No tiene nada que ver ya contigo, no sé qué puede preocuparte.

-Sí, ya, pero... Es increíble.

   Lucinda pasó su brazo sobre los hombros de Celeste, que se dejó abrazar.

-Sí, es increíble lo que cada uno puede merecer.

 

    El resto de la tarde fue un continuo suceder de llamadas telefónicas, de abrir y cerrar carpetas sin resultado cierto; se encontraba perdida en el caso de Le Notre, sin atisbo alguno de una posible salida. No había acabado la tarde cuando su teléfono móvil sonó de nuevo; le sorprendió el prefijo que delataba el origen francés de la llamada. Lucinda contestó con interés.

-Bonsoir, madame...

   Al otro lado reconoció la voz de Ferdinand, el inspector galo que coordinó su anterior trabajo en el país vecino. Se alegró de escuchar su timbre aguardentoso, aunque algo más aflautado. Le urgía a un vuelo relámpago para identificar a un detenido clave en la investigación que la brigada francesa venía realizando. Puesto que ella había intervenido en la primera parte de aquella misión se requería su presencia, que se estimaba podría resultar reveladora. Se trataba de una gestión rápida que supondría tan sólo un día de viaje; saldría en el primer vuelo de la mañana siguiente y, tras la rueda de reconocimiento, estaría de vuelta con el último vuelo de la tarde. El inspector detalló los horarios del avión mientras Lucinda los anotaba en la esquina de una de sus tarjetas de visita.

-Ya está todo arreglado. Apenas le dará tiempo para acostumbrarse de nuevo a la piel de Dafne -bromeó el inspector francés-, pero estaremos encantados de volver a saludarle.

-A la orden entonces -Lucinda contestó con seria profesionalidad, consciente de las responsabilidades que contraían aquellas misiones de colaboración entre las policías de diferentes países-, allí nos veremos.

 

    Para Lucinda no supuso ningún inconveniente regresar al escenario de Dafne, al contrario, pudo rememorar la atmósfera cotidiana de las calles de París que, frescas aún en su memoria, rezumaban de transeúntes en ordenado trajín. El trayecto desde el aeropuerto de Orly acabó, para su sorpresa, en un céntrico hospital en vez de en la sede de la Comandancia de la Policía francesa, como supuso en un inicio. Allí fue recibida por el inspector jefe Ferdinand, que no escatimó en todo tipo de muestras de afabilidad hacia su persona; luego, tomaron el ascensor hacia la última planta, donde unas dependencias servían de celda para encarcelados que precisaban asistencia médica. Se trataba de una rueda de reconocimiento un tanto especial. Lucinda entró en una habitación custodiada por dos agentes; en la única cama que ocupaba la estancia alguien reposaba. A petición del inspector, Lucinda observó la estropeada fisonomía de la mujer de rasgos asiáticos que  permanecía inmóvil en el lecho. Una enfermera se aprestó en apartar las sábanas para facilitar la inspección y, entonces sí, Lucinda reconoció el tatuaje que aquel cuerpo arrugado mostraba bajo la nuca. Conocía aquel símbolo de la rueda del yin y del yan, que su propio novio se vio obligado a llevar tatuado, en el mismo lugar, para lograr ser admitido en el entorno de los traficantes que al final acabaron con su vida. Así que aquella oriental era la madame que regentó el prostíbulo que servía de tapadera a la mafia de la droga. El inspector francés le explicó que la habían hallado tras la última redada, abandonada en una de las habitaciones, imposibilitada por su enfermedad terminal. 

-Sí, creo que es ella –corroboró Lucinda-. Sí, seguro.

   Agradeció, después de todo, las buenas costumbres francesas; la temprana hora del almuerzo le permitiría estar de regreso a casa antes de tiempo. Insistió en una frugal comida con el pretexto del viaje de regreso; en compañía del inspector compartió mesa con dos enfermeras y el jefe del servicio médico de cuidados paliativos en el comedor del personal sanitario. Desvelaron detalles de la operación policial y, también, algunos datos clínicos sobre la enferma detenida, un caso de sida degenerativo, en fase final, sin remedio; sólo esperar. Lucinda hizo ademán de sentirse triste, pero no pudo. Tampoco podía seguir el hilo de la conversación que mantenían entre sí sus acompañantes. Sin saber por qué le vino a la mente la vívida imagen de aquel incidente del reloj estropeado cuando tomaba café con Celeste en la terraza, mientras un hombre oriental parecía absorto tras ellas; se acordó del reloj, de la extraña concentración que mantuvo el hombre consigo mismo y, durante unos instantes, se recreó en aquella curiosa experiencia que de repente afloraba y a la que acababa de hallar un sentido, se descubrió reflexionando sobre los grandes fuerzas ocultas que gobiernan el mundo, poderes que desconocemos hasta dónde pueden llegar o de lo que podemos ser capaces de hacer, según la intención; hasta qué punto podían controlarse esas fuerzas seguiría siendo un misterio. Lucinda se miró el reloj de forma instintiva y entonces sus acompañantes se percataron de la hora, dando paso por fin a las despedidas, que resultaron igual de frugales.

   El vuelo de vuelta salió puntual, sin turbulencias, por una vez todo parecía ocupar su sitio. Desde el cielo un mapa de luces iluminaba los alrededores y la autovía de entrada a la ciudad; en pocas ocasiones antes Santander le pareció tan cercana. El avión dibujó una elipse suave y se dejó posar en tierra, sin brusquedad. De alguna manera Lucinda se alegró de haber llegado al hogar. Sí, eso era, por fin se sentía en casa.

    La sala de llegadas del aeropuerto acusaba la escasa afluencia de viajeros y acompañantes en mitad de semana. Lucinda pasó de largo de las cintas transportadoras del equipaje y se encaminó a la salida. No esperaba a nadie y se sorprendió al reconocer al final del pasillo al agente Mouro, que algunos días antes conoció en la Comisaría central. Se acercó hasta ella con la mano extendida en señal de saludo.

-No me diga que el señor Blázquez le ha enviado a recogerme...

-No. Vengo por propia iniciativa, si me lo permite. Ernesto, Ernesto Mouro...

-Sí, me acuerdo –le saludó ella con cordialidad-, pero no hay ninguna necesidad de...

-Lo sé. Vengo porque quiero.

   Lucinda no pudo esquivar la insistente sonrisa del agente.

-Verá, Julio comentó lo de su viaje relámpago de hoy e imaginé que debería encontrarse cansada. Además, nuca he estado en París, siempre quise conocerlo y...

   Lucinda rió con fuerza.

-Usted siempre me hace reír, oiga.

-Ernesto.

-Ernesto, sí.

-¿Entonces querrá que la lleve a su casa? Se ahorrará tener que esperar un taxi a estas horas.

   A Lucinda le volvió a entrar la risa.

-De acuerdo, acepto su generosa invitación.

   El tráfico fluido acortó el trayecto, apenas hubo tiempo para hablar de París. Cuando se apeó del automóvil, Lucinda se asomó a la ventanilla para despedirse:

-Bueno, le debo un café, Ernesto.

-Me conformo con una cena, aunque sea a partes iguales.

   Lucinda volvió a reírse.

-Es usted tremendo...

-Entonces hasta mañana a esta hora –apuntaló el agente.

-Bueno, verá...

-¿Trato hecho?

-Está bien, trato hecho.

      Lucinda subió los escalones al apartamento envuelta en el halo de una sonrisa contagiosa; quería mantenerse fría para reflexionar, pero no podía, la calidez de aquel recibimiento inesperado había desviado el propósito de su atención. Necesitaba reflexionar sobre las impresiones de aquel breve, pero intenso viaje; sobre la mujer oriental que mantuvo relación con su antiguo amor, causa de sus posteriores desdichas; sobre los curiosos designios del destino que, al final, devolvía respuestas cuando el problema había dejado de existir. El recuerdo de Sergio había acabado por difuminarse en la neblina del tiempo. Sin embargo, evocó sin dificultad la figura del joven Ernesto, gentil y gracioso, esforzándose por cerrar una cita y lográndolo sin dificultad. Tal vez había llegado el tiempo para reflexionar o para dejar de hacerlo y darse una oportunidad.

 

.

 

 

 *"Una señal de Luz" es una novela original de (c) Luis Tamargo.-

 http://leetamargo.blogspot.com

 

 

 

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11 comentarios

leetamargo -

...Gracias por contar tu experiencia, Rafael. Siempre me ha parecido que publicar un libro es un asunto delicado, una oportunidad para conocerse y donde ese intercambio personal posibilite resolver los detalles concretos de un trabajo conjunto. Aclarar, por ejemplo, cualquier tipo de duda: a qué librerías se distribuye, el precio, la ganancia, el coste de cada ejemplar o la cantidad (tal vez 1.500 unidades sean demasiadas), etc. Dudas razonables, que van desde el diseño hasta el resultado final; en este sentido la presencia ofrece confianza a ambas partes e influye en el acabado. Es interesante la opción que tú has elegido, Rafael, me pongo ahora mismo a buscar la página web de tu editorial...
SALUDÁNDOTE: LeeTamargo.-

Rafael Rosselló Cuervas-Mons -

Me llamo Rafael Rosselló Cuervas-Mons, soy autor y, ahora, autor-editor y os cuento un poco lo que hago y mi trayectoria por si os pudiese ayudar en algo. En el año 2003/2004 publiqué con el sello Span Ediciones una novela "Los contrabandistas del Estrecho"(La ruta del hachís) que tuvo muy buena acogida. Para escribir sobre este tema, durante más de tres años estuve infiltrado con grupos que se dedicaban al tráfico de hachís entre España y Marruecos. Todo lo que cuento en estas novelas está basado en hechos absolutamente reales. Este año, he constituído una editorial, Ediciones Zeppelin, y he sacado al mercado la segunda parte de "La ruta del hachís" que se titula "traficantes", que es una novela que se puede leer sin haber leído Contrabandistas ya que, aunque es la continuación de las aventuras del protagonista, es independiente.
Por otra parte, Ediciones Zeppelin es una editorial que he creado con idea de que autores que no tienen acceso a grades editoriales puedan ver sus obras publicadas y, lo que es más importante, distribuidas por toda España incluyendo grandes superficies. Ediciones Zeppelín ofrece a los autores hacerse cargo de la maquetación, diseño, impresión, gestiones de ISBN y depósito legal de la obra, asesoramiento y distribución por toda la geografía española. Es decir, el autor se convierte en editor de su propia obra, pero amparado por una editorial que, como es obvio, tiene firmado un acuerdo con una importante distribuidora para que esa obra esté en los principales puntos de venta de España, ya que lo principal es la distribución y a un autor que se auto publiqué no le coge ninguna distribuidora. Lógicamente el autor, al ser coeditor de su propia obra, no se reduce a cobrar los derechos de autor, que como sabéis son mínimos, sino que cobra un tanto por ciento importante del precio de venta del libro al público con lo que se le puede asegurar la recuperación del capital que ha invertido en su edición si la obra se vende normalmente.

Es más o menos, por decirlo con otras palabras, la asociación del autor a la editorial para esa obra determinada.
Si alguno estuviese interesado, puede contactar conmigo por mail a rafaelrossello@hotmail.com ó edicioneszeppelin@gmail.com ó por teléfono al 692035667.
Muchas gracias

LeeTamargo -

...Estimado, amigo Juegosde_estrategia, a Dan Brown no hace falta que le aplaudas, ya lo hace él solo, le sobra dinero para promocionarse en la televisión y demás medios; así que mostrar dos capítulos no es regalar nada sino una inversión. Aquí, en mi espacio, salvando las comparaciones, ni pido ni necesito aplausos, pero puedes leer tres novelas completas. Te aseguro que mis beneficios no tienen precio...
COMPARTIENDO:
LeeTamargo.-

juegos de estrategia -

Hay que amoldarse a todo lo nuevo, aplaudo la iniciativa de Dan brown, mostrando por internet gratis sus dos primeros capitulos, ¿que opinan de esto?

saludos

LeeTamargo -

...Cierto, amigo Ernesto, dar a conocer la obra pasa hoy por ese peaje obligado. Pero el trámite no puede hacernos sentir perdedores: Sentirse escritor y escribir es lo que importa. Gracias por compartirlo...
GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

Ernesto Cisneros Rivera -

Luis, concuerdo contigo en todo. Hoy más que nunca la creación artística se ha convertido en un mercado. La calidad, el talento y la labor seria, entregada y profunda son los grandes perdedores.

Gracias por tu bienvenida y cuentas con un nuevo amigo, Luis.

Un fuerte abrazo.

leetamargo -

...Gracias, Ernesto, no tienes que disculpar errata alguna, ya que tengo bien asumido el nick o seudónimo que libremente elegí; aunque te agradezco la confianza de llamarme por mi nombre. Conocía ya la página a la que aludes, te adjunto el enlace más abajo. Publicar importa y es necesario para quienes tomamos en serio este arte de escribir, pero tampoco debe ser el todo. Tienes toda la razón, parece que fuera de los certámenes literarios no existe otra motivación que la fama para escribir, cuando los momentos y satisfacciones que proporciona el hecho de escribir son incomparables. Todavía disfruto del mero escribir, placer que algunos consagrados perdieron por el camino, absorbidos por la vorágine del mercado o por los imperativos editoriales, siempre condicionantes, rutinarios y exigentes. La creatividad no entiende de cifras y necesita espacio libre; creo que al final, si se disfrutó escribiendo, siempre acaba por notarse en el resultado. Por eso siempre me tomaré en serio el escribir.
Aprovecho para saludarte, amigo Ernesto, eres bienvenido... NOS LEEMOS:

http://www.lulu.com/luistamargo

LeeTamargo.-

leetamargo -

...Gracias, Francisco Cenamor, se nota que también trabajas la palabra: además de tenerla la cumples. Sabes que eres bien recibido, amigo... TE SALUDO:
LeeTamargo.-

Ernesto Cisneros Rivera -

Sólo para corregir mi errata de ponerte Lee en vez de Luis en el encabezado de mi comentario.

Otro abrazo.

Ernesto Cisneros Rivera -

Mi estimado Lee.

Antes que nada, gracias a que sigo el blog de Francisco Cenamor es que tuve la grata sorpresa de enterarme del tuyo.

Te felicito por tu esfuerzo y no olvides que las letras se llevan en los genes y contra la genética nada se puede.

Los premios literarios no siempre reflejan lo mejor en creatividad, así que no te lo tomes tan en serio. He constatado en no pocas veces que se llevan el premio o los primeros lugares obras que no tienen mayor aportación. No ser seleccionado no quiere decir que no se funcione. Tu honradez y persistencia al escribir, tu autocrítica y tu talento y oficio son más que suficiente garantía de que haces lo correcto con tus palabras escritas.

En cuanto a la publicación, el mundo editorial es cada vez una caverna más oscura de acceso inaccesible para los que no somos ni famosos ni pertenecemos a la cultura dictada por el Estado.

Si te interesa, una buena opción es la autopublicación. Ahí tú eres el único responsable y absoluto dueño de todo el proceso.

Hay una empresa norteamericana virtual seria, que permite la autoedición de distintos idiomas y países y el costo es en verdad muy decente. Date una vuelta por el sitio y veríficalo. Yo lo conozco desde hace varios años y ya lo he usado y he quedado muy satisfecho con todo el servicio y atención que brindan.

Se llama Lulu y lo puedes visitar en: www.lulu.com.

Te dejo un abrazo y me uno a tu grupo de fans.

Francisco Cenamor -

Estimado amigo, el miércoles 5 agosto haremos un breve comentario de tu blog para que nuestros lectores y lectoras le echen un jo a tus textos.
Un saludo.
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