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LEE TAMARGO

NO HAY MUROS

NO HAY MUROS Tenía la coartada perfecta; había quedado después del trabajo con Marcia, antes de la cena. Giulio llevaba largo tiempo dándole vueltas a aquella idea y había decidido llevarla a cabo esa misma noche. Quería de una vez por todas cambiar algo para que en el rostro de su madre se instaurase la sonrisa. Siempre la había escuchado maldecir, descontenta, siempre a disgusto con sus dos hermanas, dos tías con las que jamás tuvo contacto alguno. Tan sólo las conocía por la historia contada de su madre, repetida hasta el desencanto; no le gustaba verla triste, no, a nadie puede agradarle eso. Ni siquiera cuando la oía planear su mal ni cuando el rencor la poseía, tampoco ese efímero triunfo le bastaba. Deseaba que la felicidad se adueñara del gesto de su madre, sobre todo ahora que él se sentía así, tan enamorado y feliz junto a Marcia, su novia.
Se conocieron desde adolescentes y ya iban para su cuarto año de noviazgo, sabía que era su amor. Cumpliría la mayoría de edad el año próximo y comenzaría a trabajar de empleado fijo en el taller mecánico; ansiaba tener entre sus manos el carnet de conducir, los coches eran su pasión, sí, después de Marcia, claro.
Un par de meses atrás había muerto el abuelo, vivió con ellos sus últimos años y nunca llegó a comprender del todo las diatribas y enconadas discusiones que entablaba con su madre, aunque ahora parecía vislumbrar algo de luz al respecto, ahora que su madre no cejaba en continuar lamentando sus reproches en voz alta hacia las hermanas ausentes. Si aquellas amenazas iban a conseguir traer la paz tan añorada él se iba a encargar de cumplirlas: los terrenos del abuelo ocupaban una vasta extensión de aquella comarca ganadera, representaban una golosa tentación para las constructoras que rastreaban la zona en busca de parcelas favorables para su negocio. Al fin su madre logró lo que con tanto ahínco había perseguido, hizo que el abuelo, demasiado mayor para oponerse, cambiara el testamento a su favor, hasta entonces repartido a partes iguales entres las tres hermanas. Ya sólo necesitaba el espoletazo definitivo que provocara el estallido, deberían ser ellas las que interpusieran la demanda pues ni siquiera pensaba darles el placer de pagar las costas del juicio, donde todo estaba dispuesto en su favor...
Mientras se aseaba para salir, Giulio repasó mentalmente cada uno de los pasos de su oculto plan. Al caer la tarde se acercaría con el coche hasta el muro de piedra que separa las lindes, a esas horas apenas hay tránsito; le bastaría con un leve empujón para derribarlo. Se imaginaba el gesto despechado de sus desconocidas tías, pero sobre todo la faz satisfecha de su madre, relajada al verse las caras frente al estrado. Sí, ya era hora de que su madre también sonriera, era su turno. Nadie le vería en plena oscuridad; después debía bajar hasta el pueblo sin las luces puestas, no se trataba de un trecho demasiado largo, pero lo conocía de memoria, ya antes lo había recorrido con Marcia dentro del coche cuando buscaban algo de intimidad. Antes de ir al encuentro de Marcia, que le aguardaba en la verja del palacio consistorial, quería dejar el vehículo en el aparcamiento del taller, de ese modo no existiría ningún detalle que lo involucrara.
Al llegar junto al muro dejó caer la trasera con suavidad para evitar cualquier ruido. Empujó con fuerza marcha atrás, pero sin éxito; además cabía el riesgo de que el muro, casi tan alto como una persona, cediese el lado suyo y aplastara el vehículo. Las ruedas echaban humo y se encontraba empapado en sudor; aquella misión le estaba costando mucho más de lo que se había imaginado. Pisó a fondo el acelerador y, con un giro brusco hacia delante, se alejó justo antes de que el muro cayese destrozado en innumerables pedruscos desperdigados.
-...¡Por fin, ya está!
Ahora le quedaba bajar a ciegas, sin encender los focos. Giulio enfiló la pendiente que conducía a la población, se había hecho demasiado tarde. Aprovechó la inercia de la cuesta abajo para ganar tiempo y velocidad cuando tropezó con algo que no pudo distinguir en la oscuridad. El coche se tambaleó a un costado, después de haber arrastrado el tropiezo durante varios metros y, asustado, Giulio maniobró para pegarse de nuevo a la valla. La oscura silueta de los setos recortado en la noche le desorientaba y contribuía aún más a su nerviosismo. Por eso suspiró aliviado al distinguir la iluminación de la carretera local, encendió por fin las luces y se incorporó a ella con lentitud.
Aparcó según lo previsto, junto al taller mecánico; comprobó después la defensa trasera, apenas un rasguño de la presión contra el muro. Luego, introdujo las llaves del coche en el buzón del taller, allí las encontraría a la mañana siguiente el viejo Ramos, como tenían por costumbre. Miró el reloj preocupado mientras, a la carrera, se dirigía a la cita con Marcia. Bajó a saltos la escalinata de la plaza central, componiéndose el cabello y las ropas antes de llegar al lugar del encuentro, pero Marcia ya no estaba... Se lo había estado temiendo durante todo el maldito trayecto, aquel muro se había resistido tanto en caer...
-...Mañana se lo explicaré –se consoló de regreso a casa.
Sin embargo aquella mañana le costó desperezarse, no era habitual en él dormirse ni faltar al trabajo. Se despidió de su madre sin desayunar. Tampoco era el único en llegar tarde, el taller seguía cerrado; al viejo Ramos también parecían habérsele pegado las sábanas. Por instinto siguió la ruta de sus pasos en la noche anterior, le pareció escuchar voces y se asomó a la escalinata. Entonces distinguió el revuelo que formaba aquel grupo de gente junto al ayuntamiento. El viejo Ramos se encontraba entre ellos, en cuanto le reconoció se dirigió hacia él en un falso tono sosegado:
-...Giulio, hijo, ¡una lástima, hijo! –mientras posaba una mano en el hombro del muchacho.
-¿Qué pasa? No entiendo...
-La encontraron echa un nudo junto a la valla de la cuesta antigua, hijo... –Ramos se lamentaba sin despegar la vista del suelo-. Después de atropellarla huyeron, Giulio, la abandonaron allí, malherida, sin auxiliarla, hijo... El párroco asegura que está muerta, la pobre Marcia, muerta...
También la mirada de Giulio permanecía ausente, se acordaba con claridad de dónde echó las llaves, pero no recordaba con qué parte chocó del vehículo; aún no tenía el permiso, pero nadie le había visto, no podían implicarle. Ya no escuchaba las palabras huecas del viejo patrón, un largo escalofrío le impedía atender, mientras un muro invisible se erigía delante suyo... Algo parecido a la voz de una amenaza le condenaba, tardaría toda una vida en volver a sonreír.



*"Es Una Colección de Cuadernos Con Corazón", (c) Luis Tamargo.-
http://leetamargo.mybesthost.com/nhmuros.htm

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13 comentarios

LeeTamargo -

...Cierto, Grial! Con el día a día ya tenemos bastante tarea. ¡Feliz fin de semana. amiga!
SALUDÁNDOTE: LeeTamargo.-

Grial -

Quién sabe lo que nos depara el destino...
Buen fin de semana, un beso :)

LeeTamargo -

...En efecto, Ody, curiosidades, coincidencias, casualidad, nunca sabremos hasta qué punto mandamos sobre nuestro destino. Mejor no tentar a la suerte...
GRACIAS, AMIGO: LeeTamargo.-

odyseo -

Es curiosa a veces la vida, con sus excentricidades y paradojas del destino....

Felicidades por el relato

LeeTamargo -

...Sí, Magda este relato lo leíste ya y, también me acuerdo de tu comentario, que parece haberse esfumado con el resto por arte de Blogia... Creo que a partir de ahora habrá que esperarse reducción de mensajes y comentarios en los post para poder hacer sitio, pues Blogia no puede con todo. Desde luego que no van a avisarnos y explicarnos lo que ocurre, pero algo me dice que no será el de antes...
En todo caso, ya sabes que también me encuentras en:
http://poemagenes.zoomblog.com
OK, GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Cierto, Gabriela, la realidad inspira en ocasiones a la ficción y ésta, según qué casos, sólo consigue suavizarla. ¡Agradecido por tu lectura y palabras, amiga!
SALUDÁNDOTE: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Los cuentos, además del hecho fantástico, Gemuina, también se ocupan de reflejar historias reales. No sólo sirven para desarrollar la imaginación sino para transmitir mensajes o lecciones prácticas de la vida cotidiana. El fin es el mismo: contar y aprender...
GRACIAS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Sí, Hechi, dura experiencia la de esta historia que refleja el dicho de que "quien mal anda mal acaba"...
...¿Qué ha pasado aquí? El relato es el mismo, pero ya no están los comentarios realizados. El primer sorprendido soy yo, Hechi, nunca me había pasado antes que desaparecieran todos los comentarios anteriores. Pues sí que Blogia anda mal... Lamento si no pude contestar a todos y cada uno de los mensajes, como tengo por costumbre... Si estos desarreglos continúan habrá que pensarse el cambio a un sitio que funcione con normalidad... Ya lo siento!
TE SALUDO: LeeTamargo.-

Magda -

Lee ¿ya habia leido y comentado en este relato! ¿se borró? o_O

Oibre chico, la mala suerte sí que fue con él nada complaciente. Cambió su sonrisa por la sonrisa de su madre...

Saludos para ti.

Gabriela -

Lamentablemente muchas veces la realidad supera la ficcion... tu relato me ha erizado la piel, como me sucede siempre que una historia (en formato de texto, de imagen o en el cine) se hacerca tanto a la realidad y se que puede pasar.
Muy buena!

Gemmaths -

Ya aquí es un cuento, pero cuantas ves pasa por desgracia esto mismo en la vida real, cuantos deciden darse a la fuga...
Un saludín

GemMaths -

Ya aquí es un cuento, pero cuantas ves pasa por desgracia esto mismo en la vida real, cuantos deciden darse a la fuga...
Un saludín

la hechicera de la luna -

Me ha pasado algo rarisimo leí este relato, comenté, y plof se cayó la página, hasta ahí nada anormal con blogia, pero ahora vuelvo y resulta que yo antes había leido comentarios...donde me habré metido??? es texto es el mismo...
Bueno repetimos, decía...
Que terrible atropellará a quien atropellará y vivir con ello, pero precisamente al amor de su vida...uf, doloroso, y muy bueno tu relato
Saluditos
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