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LEE TAMARGO

CUADERNO

Lee SON RELATOS

Lee SON RELATOS

 Mi segundo libro de relatos breves recién publicado, “A MEDIA DISTANCIA”, sale a la luz prologado por mi amigo, doctor y también escritor, don Javier Doménech. He ahí estas breves, pero plenas palabras de presentación de las que me honra ser testigo destinatario:.

P R Ó L O G O

  Al movernos por el paisaje de las creaciones artísticas, siempre luchan entre sí la magnificencia de lo grandioso frente al intimismo del sentimiento. Ambos son compatibles, complementarios y necesarios.  Según los momentos  podemos preferir escuchar una sinfonía de Beethoven más que una sonata de Mozart, podemos contemplar con más deleite una Anunciación de Fra Angélico  que un óleo de Rubens, o encontrar más placer sintiendo en nuestras manos una porcelana china que acariciando un mármol del Partenón. Por razones similares, deambular por las recoletas calles de una pequeña aldea puede producirnos más satisfacción que el esplendor de un paseo por los Campos Elíseos.

   La grandeza de las catedrales góticas nos asombra y nos maravilla, pero nuestra devoción no se mueve por sus dimensiones. El intimismo religioso  encuentra mejor acogida en una humilde iglesia mozárabe, en una pequeña capilla. De la misma manera que el barroco sonido de un órgano que hace vibrar una fuga de Juan Sebastián Bach, no tiene porqué ser superior al chisporroteo de una vela bajo un pequeño icono bizantino. La belleza de las cosas no depende de su tamaño, sino del sentimiento que genera en quienes las contemplan.

   Existen creadores que deslumbran por su exuberancia, por la genialidad de su lenguaje. Los versos de Calderón no pueden compararse con la sencillez de Gutiérrez de Cetina, ni Corneille con Verlaine, ni Shakespeare con Oscar Wilde o Goethe con Rilke. Junto a los autores que nos sobrecogen, abrumados por su grandeza en un síndrome de Stendhal que nos inmoviliza. Pero también existen los  maestros del intimismo, aquellos que hilvanan experiencias personales y las trasfieren de tal forma que al acabar su lectura, te inunda una sensación de bienestar o inquietud que te unen fuertemente al autor.

   De igual forma, existen músicos que embargan el ánimo en la grandeza sonora de hermosas composiciones orquestadas y otros que sólo precisan de las delicadas notas de un piano, o el intimismo de un grupo de cámara para transmitir el inmenso lirismo de su obra. No se requiere un gran coro para trasmitir la belleza de un canto, a veces son más sugerentes unas voces “a capella”. ¿Quién nos llega mejor al corazón, “Carmina Burana” de Orff o el “Ave María” de Schubert?

  Luis Tamargo describe con sencillez un mundo de pequeños cuadros en prosa, donde el lirismo se confunde con la descripción naturalista, con la sugerencia de un lenguaje evocador, con la vivencia personal que trasmite en muchos de sus relatos. La obra de Luis Tamargo posee matices de “literatura pictórica”, donde  las sombras, los matices, los claroscuros de sus narraciones nos recuerdan  las brumas marítimas de Turner. Su mundo de ensueños nos aproxima, en ocasiones,  al sorprendente  René Margritte, sin que distingamos bien si la luz o la noche dominan el cuadro. Pero donde sentiremos más próximo el hálito de Tamargo será con la obra de un pintor americano, Edward Hopper, auténtico genio de la nostalgia, la sencillez y la soledad. Cuando se contemplan sus escenas urbanas o el intimismo de sus habitaciones, nos invade una atmósfera de sencillez y auténtica realidad envuelta en poesía.

  En esa mezcla de Margritte, de Hopper, de Fra Angelico, de Rilke, de Chopin, de los anónimos canteros mozárabes, de la sencillez de una fila de chopos a la vera de un riachuelo, se mueve Luis Tamargo.

   Pleno de metáforas originalísimas, -“ojos inertes de madera vieja”-, con descripciones oníricas donde la imaginación y el ensueño se confunden en dentro de una inquietante niebla poética –“tenue sombra en un laberinto de misterios presentidos”-,  de desconcertantes sueños con evocaciones kafkianas –“Algo habrá hecho”, “Callejón perdido”-, de inquietantes vivencias kafkianas –“Vecinos lejanos”- o de íntimos deseos –“Siempre amigos”- la prosa de Luis Tamargo se desliza suave para sugerir múltiples sensaciones al lector. En ellas  la descripción de un mundo de vivencias íntimas, de velados temores,  se entrecruza con  la realidad vivida, con el ensueño anhelado, y la amargura de las experiencias personales se sublima en la poesía de los sentimientos sencillos.

    Así escribe Luis Tamargo. A muchos nos gustaría sentir como él.

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JAVIER DOMENECH

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                                                               ¡¡¡ GRACIAS, AMIGOS/AS, FELIZ LECTURA !!!

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*(Prólogo de Javier Doménech al libro “A Media Distancia”, © LuisTamargo).-

http://sonrelatos.galeon.com/distanciaslupdf.pdf

 

LEO, LEES, LEE...

LEO, LEES, LEE...

     Existen varios modos de llenar un fin de semana o de distraerse tras una dura jornada de trabajo. Pero pocos placeres comparables al de sumergirse en una lectura que, desde el principio, capte nuestro interés y, rendidos a su embrujo, entregarnos al deleite de descubrirla, con nuestros deseos y sentidos acaparados. Gracias a la lectura uno se adentra en el terreno mágico del silencio y, a partir de ahí, no sólo otros paisajes, personajes o situaciones son posibles sino que pueden transformarse en reales. Entre algunos de estos momentos inigualables están: "El corazón de las tinieblas", de Josep Conrad; "Luz de Agosto", de William Faulkner y "Bajo el volcán", de Malcolm Lowry. Estos libros constituyen una experiencia tan enriquecedora, que no puedo evitar el compartirla con ustedes:

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     En "EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS", Joseph Conrad cuenta la historia de un hombre que se adentra en el interior de la jungla africana, a través del río Congo. Es Marlow, el propio capitán del barco mercante quien narra la historia del viaje a su tripulación. Va en busca de Mr. Kurtz, responsable del marfil, pero su encuentro le marcará por siempre, ya que este personaje encarna la explotación sangrienta y más inhumana. Este conocimiento directo de los horrores de la colonización cambiará al viejo marinero, como así lo reconoce al recordar aquella expedición.   Influído por su propia experiencia como marino, Conrad describe con maestría el mundo del mar, de sus gentes, que tan bien conoció, y nos desvela la oscuridad de las pasiones humanas. Su estilo inconfundible hace que este polaco, que escribía en un idioma ajeno, sea hoy considerado uno de los principales escritores en lengua inglesa. Una lectura atractiva, que nos atrapa.

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 William Faulkner, en "LUZ DE AGOSTO", nos muestra la historia de Lena Grove, una mujer que emprende la búsqueda del hombre que la dejó embarazada. A modo de cronista, Faulkner nos lleva a través de sus personajes por una época que heredó la tradición del esclavismo y del segregacionismo y que, de forma inigualable, queda retratada. Así, Joe Christmas, un vagabundo de sangre negra que es linchado por asesinar a su amante blanca; tampoco podía faltar la figura del reverendo Hightower, representante de la sociedad puritana que, en sus discursos, rememora la guerra civil pasada. Faulkner narra costumbres, hechos y situaciones de una forma innovadora, trabajando historia e imaginación, por lo que no es de extrañar que influyese tan notablemente en los escritores posteriores.

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    "BAJO EL VOLCÁN" es una novela autobiográfica de Malcolm Lowry. Asistimos a las últimas horas del protagonista, Geoffrey Firmin, un ebrio cónsul inglés en Cuernavaca que, sumido en oscuros cargos de conciencia, se entrega a la bebida y a la autodestrucción. El cónsul está acabando un libro, mientras bebe cerveza, whisky, mezcal, tequila, entre alucinaciones de alcohólico y en el escenario apocalíptico de los volcanes Iztacúhuatl y Popocatépetl. Su exmujer, Ivonne, regresa junto a él en un intento inútil de reconciliación, pero ignora que él nunca recibió la carta donde le pedía perdón. Lowry refleja un ambiente caótico donde se anuncia ya la guerra en Europa; abundan las alusiones a la guerra de España, a la enfermedad del Papa, al antisemitismo y, en este sentido, hay una crítica social de México. Un universo fantasmagórico de miedos, culpas y remordimientos agobia al protagonista que, derrotado por su destino, al final, muere tiroteado por un policía, sin haber dejado de estar borracho durante toda la novela. Pocos diálogos y muchas descripciones, abigarradas y oscuras, que hacen pesada y difícil la lectura, donde locura y alcohol tejen un complicado, pero interesante espectro de los miedos que habitan en el interior del hombre y amenazan su existencia. A pesar de la complejidad y, aunque hay ratos que bien puede preguntarse el lector si acaso está también borracho, es aconsejable continuar la lectura hasta el final para apreciar el paralelismo entre su agonía y el volcán. La obra es un reflejo de la visión atormentada -no exenta de lirismo- del propio autor.

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Aprovecho para saludarles, amigos/as, y felicitarles también

 si eligieron leer como una auténtica forma de diversión.

 ¡Que pasen una feliz velada con la lectura!

  ¡ SALUDOS, AMIGOS/AS !

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LEER A Andrea Camilleri

LEER A Andrea Camilleri

   El escritor siciliano Andrea Camilleri, protagonista de un verdadero fenómeno editorial en Italia gracias al personaje del comisario de policía Salvo Montalbano (pieza central, hasta la fecha, de cuatro novelas y un libro de relatos). En febrero de 1999, con motivo de la presentación en España de los primeros títulos de la saga del comisario Montalbano, Andrea Camilleri y Vázquez Montalbán intercambiaron opiniones, en torno a unos vasos de cerveza y una grabadora...

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Andrea Camilleri: Ayer me regalaron una bioqrafía de Pepe Carvalho. La estuve hojeando antes de acostarme... ¿sabes qué me sucedió? Al final hay un cuestionario de unas cien preguntas, para saber si uno es un buen lector de Pepe Carvalho. Acabé bastante enfadado: sólo pude contestar correctamente a una docena de ellas.(...)

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Manuel Vázquez Montalbán: Yo creo que las diferencias y semejanzas entre nuestros personajes son, en el fondo, consecuencia de una misma actitud personal ante la novela policiaca. También tú tomas este género como una mera estrategia narrativa, un juego con el que plantear un acercamiento a la realidad arbitraria y proyectas una mirada distanciada e irónica a través de tu personaje, una mirada muy parecida a la de Pepe Carvalho. Ahora se abre una oportunidad muy interesante para el lector español: ver la inmensa variedad que ofrece el relato policiaco a través de una obra realmente atípica. Se ha relacionado a Montalbano con Maigret, y eso es inevitable, porque el proceso psicológico que sigue Montalbano es más parecido a Maigret que a cualquier otro personaje, pero es un mundo completamente aparte. Tu "parti pris" como intelectual, tu mirada política, son muy diferentes de los de Simenon. Gracias a la estrategia narrativa que supone la novela policiaca se puede abordar un discurso realista de una manera nueva. Estás describiendo la frontera que hay entre la política y el delito, entre lo ilegal y lo legal, la violación de un tabú como matar, los límites de las conductas, mientras estableces una complicidad con el lector. Los dos llegáis a la misma conclusión a través de un viaje de sorpresas que significan la indagación policial.
                        Otro aspecto importante es el papel de lo cultural en estas indagaciones de Montalbano: a veces la clave de un enigma es una clave cultural, un mito, una lectura clásica... Como lector, una de las cosas que más me han hecho disfrutar es el grado de sofisticación de este juego cultural que nos propone tu personaje.

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Andrea Camilleri: Para Montalbano los libros son tan importantes como para Carvalho, la diferencia está en que mi personaje no los quema. Seguramente a tu Carvalho los libros no le han sabido enseñar nada...

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Manuel Vázquez Montalbán: Sí, es cierto, los libros son importantes para los dos: para tu personaje en positivo y para el mío en negativo, por eso acaba quemándolos.

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Andrea Camilleri: Pero la elección de un libro para quemar equivale a la elección de un libro para leer. Veamos: el primer libro que quema tu Carvalho no es un libro cualquiera, sino una historia de España.

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Manuel Vázquez Montalbán: Sí, "España como problema", de Laín Entralgo. En tu caso, me parece fundamental el modo en que presentas Sicilia como un falso microcrosmos. Es un microcosmos, en efecto, pero hay que escuchar a Sciascia cuando respondía a la pregunta de por qué escribía siempre sobre Sicilia...

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Andrea Camilleri: Sciascia respondía: "Sicilia es el mundo".

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Manuel Vázquez Montalbán: La ambición de Sciascia era hacer una novela política, de indagación sobre el poder. En tu caso también están estos elementos, pero no son el objetivo. El objetivo es un viaje por una realidad en la cual los elementos de carácter ideológico o político están implícitos, pero sin la voluntad de Sciascia de hacer una metáfora política del doble poder.

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Andrea Camilleri: Mi primer libro se lo debo precisamente a él. Pasé un par de años recogiendo material sobre un episodio histórico de Sicilia y se lo entregué, por si le servía como base para una novela. Me invitó a tomar café en su casa y me dijo: "Es un material excelente; deberías escribir un libro". "¡Pero yo no sabría escribir un libro como tú!" "Justamente, de lo que se trata es de que lo escribas como harías tú. Ánimo." De eso ya hace bastantes años...

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Manuel Vázquez Montalbán: Cuando se produjo el gran momento de eclosión de tu obra en Italia, especialmente el año pasado, con cinco títulos en las listas de los libros más vendidos, se pudo escuchar comentarios del tipo "Claro, es una literatura que hace concesiones al gran público, una literatura comercial, el resultado de una operación de promoción muy bien estudiada..." Todo eso es insostenible: ha sido una imposición empujada por el propio valor de la obra, y a través de una pequeña editorial, de mucho prestigio, pero sin poder en los medios. Tu obra se ha impuesto a través de recomendaciones particulares.

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Andrea Camilleri: Es lo que yo llamo "el tam tam del público". Ése es el público que a mí me interesa, los 30.000 o 40.000 primeros lectores que pusieron en marcha el tam tam y operaron el "milaqro". Después la cosa se ha disparado de tal modo que me he convertido en una moda, algo ridículo, condenado a ser olvidado. No se puede pasar impunemente de vender 150.000 ejemplares a casi un millón en tan poco tiempo. Interiormente, no me ha cambiado nada. ¡A los 73 años nada cambia! Pero la vida social... ¡Es algo espantoso! Presentaciones, firmas, conferencias, entrevistas... Ni siquiera tengo tiempo para escribir. Y lo que es peor, la gente que se acerca a mí ¡para decirme lo que tengo que hacer con mi personaje! Hace poco unos sicilianos me pidieron que Montalbano no se case nunca con su novia... ¡porque es genovesa! ¡Una forastera! ¡Pretendían que le buscase una mujercita siciliana como Dios manda!
Me han ocurrido cosas de cine. Ahora suenan graciosas, pero en el momento son muy embarazosas. Como una señora que se esperó con sus dos nietos, muertos de sueño, hasta el final de una presentación que terminó a medianoche... ¡para que les tocara la cabeza a los niños! ¡Como si yo fuera Juan XXIII o Stalin! ¡Y los que se me acercan con un bolígrafo especial para que les firme un autógrafo en el brazo! A veces siento que me he convertido en una moda de cretinos. ¡Los lectores de novelas no hacen esas cosas! También he recibido cartas que me han puesto los pelos de punta, la de una chica de 24 años con una gravísima enfermedad degenerativa, para darme las gracias por haberle hecho sonreír tres veces. No puso su remite, y nunca le he podido contestar...
Nos preguntan si Carvalho y Montalbano podrían resolver un caso juntos.

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Manuel Vázquez Montalbán: Bueno, los casos nunca se resuelven... No sé, cada cual tiene su universo, su mundo propio... Es posible que ambos llegasen fácilmente a las mismas conclusiones... pero a través de restaurantes diferentes.

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Andrea Camilleri: Estoy de acuerdo.

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*(Extraído de La Vanguardia Magazine, 18 / 4 / 1999).-

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LEER, LEER Y LEER...

LEER, LEER Y LEER...

    Las tres últimas lecturas en las que he andado ocupado me sirven para repasar, de forma breve, tres estilos, tres autores y modos de vivir: “Jubiabá”, de Jorge Amado; “Las tribulaciones del joven Törless”, de Robert Musil; e “Hijo de hombre”, de Augusto Roa Bastos. He ahí una breve semblanza:

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 Jorge Amado ambienta “Jubiabá”, igual que muchas otras de sus obras, en la vida de Bahía, su ciudad natal. Es un observador que, desde un realismo comprometido, describe la magia de la gente humilde. Narra la historia de un negro boxeador, descendiente de los primeros negros nacidos en América, no muy lejanos de los antiguos esclavos, que sufre las mismas desigualdades sociales que le unen a los personajes que desfilan por la novela, hijos de esclavos, de la pobreza y la discriminación. Al mismo tiempo asistimos a un análisis antropológico de los ritos y celebraciones de una cultura que se niega a desaparecer; resulta especialmente interesante la descripción de la ceremonia de una macumba. Todo ello con el estilo ameno y humano de la prosa de Amado, que sabe pintar sentimientos y situaciones, que se deja leer fácil y disfrutar con avidez.

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   Grata sorpresa descubrir al Robert Musil de “Las tribulaciones del estudiante Törless”. Nos presenta los problemas de la adolescencia del joven Törless, que abandona su familia para ir al internado de una escuela militar. La nostalgia y la soledad le crean un dilema interior, que resuelve entregándose al placer de escribir. Dentro del hermetismo del ambiente militar que caracterizaba aquella época histórica, los jóvenes dudan, se relacionan y transgreden los límites de una moral cerrada. Musil aprovecha para describir los estados íntimos del hombre en forma de filosofía y espiritualidad, que extrañan por su madurez y elaboración, tratándose de unos jóvenes. La prosa sorprende por su claridad, limpia y estructurada, en la exposición y desarrollo de los sentimientos, que analiza y razona; y en la expresión de los pensamientos, lúcida, que hace cómoda su lectura.

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    En “Hijo de hombre”, Augusto Roa Bastos pone en boca del narrador los recuerdos de Itapé, lugar donde nació; y de sus gentes, con fama de herejes, como así lo atestigua la leyenda del Cristo del cerro, clavado en la cruz negra. En forma de diario relata la guerra del Chaco, contra los bolivianos, que tan profundamente marcó a la sociedad paraguaya. Las vidas individuales de los personajes que se suceden describen una realidad social injusta y la convulsión política que azotaba al país en aquel tiempo. La lectura se torna dificultosa en ciertos tramos, estos personajes surgen y desaparecen a lo largo de la novela en varias ocasiones. Las palabras y expresiones guaranís, con sus giros y matices naturales, tienen difícil traducción al castellano, pero Roa Bastos las intercala en un intento de aunar ambos idiomas, al menos en ese experimento lingüístico, del que se muestra  un experto y conocedor único. Merece la pena seguirle entre descripciones, costumbres y paisajes de un pueblo del interior como en el que se crió; del todo recomendable.

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Luis Tamargo.-

¡ FELICES LECTURAS, AMIGOS/AS !
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LEER A Marguerite Duras

LEER A Marguerite Duras

    Sobre la lápida de Marguerite Duras en el cementerio de Montparnasse hay una pequeña planta, un montón de pastillas blancas diseminadas a lo largo de la sobria piedra gris, dos flores y dos letras grabadas: M.D. También son dos las imágenes que podrían ilustrar el proceso desaforado de su existencia: la evocación de la preciosa niña cargada de erotismo que viajaba en un transbordador por el río Mekong con un sombrero de fieltro y los labios pintados de rojo oscuro y, justo en el otro extremo, la mujer con el rostro y el cuerpo devastados por el alcohol, vestida con una falda recta y chaleco sobre un jersey de cuello alto que, después de cuatro curas de desintoxicación, entró en un coma de cinco meses. Marguerite Duras saltó en un instante del principio al final de su vida pero, en la breve duración de ese instante, hizo lo que quería hacer: écrire. Escribir.
   Escribía y amaba lo que escribía hasta la obsesión. Ella misma se preguntaba qué era aquella necesidad mortal que había conseguido que viviera en un mundo paralelo al de los demás y que fuera existiendo cada vez menos porque todo, su esencia, se lo entregaba a la escritura devoradora. A los quince años le dijo a su madre que lo único que quería hacer en la vida era narrar y se preguntaba sinceramente qué hacía con su tiempo la gente que no escribía porque ella había llegado a pasar por el tamiz de la literatura incluso los recuerdos más dolorosos. Una de las manifestaciones más desgarradoras contra el nazismo aparece en su texto El Dolor en el que describe su impaciencia cuando, desde las ventanas de su casa en la rue Saint-Benoît, contempla apoyada en las persianas cómo la gente pasea y ella quiere gritar que en el interior de aquella habitación un hombre, su marido, ha regresado vivo del horror de los campos de concentración alemanes y que, a pesar de tener el cuello tan delgado que se puede rodear con una sola mano, todo lo que debe tomar es caldo en cucharillas de café porque su estómago se desgarraría con el peso de cualquier otro alimento.
   Nació en 1914, el día 4 de abril, cerca de Saigón, en la Indochina francesa (lo que es hoy Vietnam del Sur). "No puedo pensar en mi infancia sin pensar en el agua. Mi país natal es una patria de agua", diría M.D. Era la primera niña de cinco hermanos, dos de ellos, Pierre y Paul, hijos del matrimonio y los otros dos, Jean y Jacques, hijos del padre con una esposa anterior que había muerto en Hanoi. Su padre, profesor de matemáticas, tuvo que ser repatriado a Francia cuando ella tenía sólo cuatro años a causa de unas fiebres infecciosas y jamás regresó a Indochina. Murió después de haber comprado una casa cerca del pequeño pueblo francés de Duras donde quería pasar el siguiente verano con toda su familia y que serviría, sin que él llegara a saberlo, para reemplazar en el futuro su propio apellido. Esta muerte dejó a la familia en una situación económica mucho más precaria y comenzaron a llegar las estrecheces. Los hijos crecieron como vagabundos por la selva, casi tomando un aspecto indígena y todo lo que podía hacer la madre para conservar su deseado y privilegiado aspecto occidental era alimentarlos con comida traída directamente desde Francia, comida que ellos aborrecían y que no aceptaban.
   Marie Legrand, la madre de Marguerite, luchó contra la pobreza con todas sus fuerzas. Se aferró a sus posesiones, a su tierra que debía salvar continuamente del mar y del viento si quería que algo creciese de ella, mientras iba descubriendo el extraño atractivo de aquella niña que no se vestía como las demás, que tenía una manera propia de hacer las cosas y que podría resultar fascinante para los hombres. Marguerite conoció a su amante chino y ser ricos se convirtió entonces en una auténtica obsesión. Con el tiempo, la escritora consideraría que el dinero no cambiaba nada porque siempre conservaría "una maldita mentalidad de pobre". Para ella la pobreza al nacer era hereditaria y perpetua. No se podía curar.
   Cualquier lector de Un dique contra el Pacífico o de El amante descubrirá que estos primeros datos de su biografía le son ya familiares. Porque leer los libros de Marguerite Duras implica leerla también a ella. En un verdadero acto de vivisección literaria, extraía su propio dolor, lo matizaba con el bálsamo de la escritura y luego lo entregaba a un lector que debía descubrir que aquello que leía en su obra no era simplemente el relato de la subsistencia vital de una escritora sino de la evolución individual de cada uno de sus personajes que no eran sino un reflejo novelado de lo ocurrido realmente a miles de seres humanos a lo largo del siglo XX. Marguerite Duras nos ofrece en sus libros una descripción de diferentes momentos cruciales en diferentes lugares del mundo tan fidedigna como la de cualquier historiador, pero con un añadido importante: ella muestra el sufrimiento, la esperanza y la compasión de los legítimos protagonistas de la Historia.(…)
 Literatura y realidad… Dos nociones difícilmente separables en esta autora que atrapa y devora porque su narración rezuma autenticidad y siempre es complicado renunciar al encanto de algo auténtico… Una mujer pequeña, sentada en un sillón, vestida con una falda marrón, un jersey del mismo color y un pañuelo oscuro ocultando el cuello, que hablaba de literatura con tranquilidad y que adoraba a sus personajes hasta el llanto. Una autora que se preguntaba cómo era posible escribir porque en un principio no había nada y de pronto había una página escrita: "No puedo explicarlo y creo que no hay ningún escritor que se libre de esta ignorancia". Una escritora que se planteaba semejantes dudas y que tenía una manera tan cautivante de ver el mundo que logró dejarnos libros espléndidos. Y supongo que eso es lo único que importa cuando hablamos de literatura. Los libros y, tal vez, la pasión de su autor. Lo demás, por qué no decirlo, es sólo decepción y podredumbre.



Pilar Adón.

*(Extraído de: http://www.cabrasola.com/DURAS.htm ), por Pilar Adón.-

 

 

LEER A Arturo Pérez-Reverte

LEER A Arturo Pérez-Reverte

..."El pintor de batallas" es un alto en el camino de la vida que Pérez-Reverte utiliza para contemplar con perspectiva de madurez las dos etapas de su desarrollo profesional, la de periodista y la de narrador:

 

 -¿Sigue pensando que es mejor no conocer personalmente a los autores de nuestros libros favoritos?
  Tengo la certeza absoluta. Creo que el lector pierde mucho cuando conoce al autor. El autor debe conocerse por su libro. Primero, porque un libro es ficción y uno no siempre es responsable de lo que dicen sus personajes. Un exceso de información ajena al libro puede perjudicar la lectura del mismo.

-¿Es usted tan certero en su forma de hablar como en sus artículos?
  A veces sí y a veces no. Lo que no soy es tan mal hablado. Mis artículos son un género literario concreto. Con sus reglas específicas. Pero ese lenguaje no me lo llevo ni a mis novelas ni a la calle(...). Es un error pensar que ésa es mi forma de hablar o de relacionarme.

-Parece ser que 2006 va a ser el Año Pérez-Reverte: nueva novela, estreno de película sobre Alatriste, nueva novela sobre Alatriste, edición infantil de "El Caballero del Jubón Amarillo"... ¿Le agobia tanto protagonismo o le gusta que se hable tanto de usted?
  Me agobia, me agobia. No me gusta. Pero, a veces, no lo puedes evitar. Son gajes del oficio. Tampoco puedo andar escondiéndome. De hecho, aquí estoy. 

-Después de siglos de mezcla de gentes y culturas en la Península Ibérica, ¿qué le parecen los sectarismos excluyentes de los nacionalismos en España?
  Es duro bajar de pronto a toda esta mierda. Sobre todo cuando hacía nada estábamos hablando de una novela. Verse enfrentado de pronto con la mierda de la realidad cotidiana de este país miserable se hace muy complicado. ¿Te vale eso como respuesta?

-¿Qué opina de la "espantada" planetaria de su admirado Marsé?
  No tengo nada que decir sobre eso. Marsé es mi admirado y punto. Cualquier cosa que haga me parece bien y justificada.

-Confiese: ¿cuándo hará las paces con Umbral?
  Ese asunto está cerrado y no tengo nada más que decir.

-Si tuviera que escoger una sola imagen fija de sus recuerdos de las guerras que vivió directamente, ¿cuál sería?
  Una calle de una ciudad en ruinas desierta, todo lleno de cristales rotos y el ruido que hacen mis botas al caminar sobre esos cristales en completa incertidumbre.

-¿Cómo sería usted y su vida si nunca hubiese conocido la magia de los libros, si desde niño no hubiese crecido con ellos?
  Eso no lo puedo ni imaginar. No es una vida imaginable.

-¿Qué autores actuales me recomienda, que sean dignos de ser leídos?
  Hay demasiados autores clásicos por leer antes que  los contemporáneos. Empieza por el principio.

-¿Cómo es que vive en Madrid si le gusta tanto el mar?
  No vivo en Madrid. Vivo en la sierra de Madrid. Y lo hago porque la trayectoria de mi vida me ha obligado a estar cerca de determinados puntos en los cuales mi vida profesional se ha ido desarrollando. El día que esos puntos sean innecesarios, regresaré al mar. 
 

-¿Por qué se fue de TVE?
  Porque tenía cosas más importantes que hacer. Había hecho lo que quería. Había dejado de tener fe en mi trabajo de reportero. Había cosas que quería aclarar sobre mí mismo. Quería escribir. Quería navegar. Quería leer. Y eso es todo.

-¿Cómo se llama su velero?
  Eso es asunto mío.

-¿Acepta usted sugerencias, correcciones, de una persona que no sea la correctora de la editorial? ¿Cree usted que una vez alcanzada la popularidad y el éxito de ventas podría recibir una negativa de su editorial para publicar una novela?
  No, sólo del corrector de la editorial, que es amigo mío. Y más que correcciones son matices o gazapos o errores de los que yo no había sido consciente tras dos años de trabajo. Pero fuera de él, nadie más. Por otro lado, la editorial no me va a negar nunca un libro. Si mañana cojo una guía telefónica y le pongo unas tapas, me lo van a publicar. Eso no me preocupa. Pero hay una cosa que no olvido, y esta novela viene a hablar de eso. Estamos sometidos a una serie de avatares e imprevistos. Por eso no doy nada por sentado. Ni la popularidad ni el éxito. Yo vivo en territorio enemigo. Como cualquiera de los lectores. Lo que pasa es que yo soy consciente de ello.

 

*(Extraído del Suplemento Semanal de El País, Febrero 2006).-
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¿ESCRIBES? ¿Por qué, cómo, qué es lo que...?

¿ESCRIBES? ¿Por qué, cómo, qué es lo que...?

   Es una pregunta tan tópica -sobre todo para los consagrados- como inevitable, pero que todo aquel que se ha sentido atraído por esta incomprendida y desconocida pasión del escribir es raro que no se la haya formulado a sí mismo en incontables ocasiones. A todos nos obligan circunstancias distintas, motivaciones diferentes; cada uno pondremos más énfasis en unos aspectos que en otros, coincidentes o no, en mayor o menor grado, pero unidos por el nexo común de la escritura y la lectura, ambos hechos intrínsecamente enlazados, inseparables. Ahí van mis respuestas:

-¿Por qué?... Porque lo necesito. Mi primer libro publicado se titula "Escritos Para Vivir" y encierra un poco de esa respuesta: no sabría vivir ya sin escribir. Es una forma de vivir, de mirar e ir por la vida.
-¿Cómo?...  Con poca cosa; sin manías ni complicaciones: un lápiz o boli y papel, o directamente en el ordenador. Silencio y espacio, aunque no del todo necesario.
-¿Qué es lo que... pretendo, busco, me empuja a escribir?... Desde luego que no es por dinero, aunque escribir como profesión flota en la utopía como un atractivo señuelo, igual que un sueño o paraíso inalcanzable. Siempre he pensado -y obro en consecuencia- que si no puedo vivir de la literatura al menos viviré con ella. Me gano el sueldo con otro trabajo y luego, mientras, antes o después, durante, sigo escribiendo, dando rienda suelta a esa necesidad de contar, de expresarme, que es a la vez conocer y conocerse, aprender en definitiva. No me mueven ambiciones económicas, al contrario, los asuntos comerciales ahuyentan a la inspiración y dificultan la concentración; tan sólo disfrutar del mero placer de escribir. Y no es que me conforme sino que ya de por sí es un buen logro. De un tiempo a esta parte, tal vez animado por amigos y allegados que me leyeron, me importa también compartirlo, darlo a conocer al lector que no me conoce, a su interpretación neutral. La red me parece un medio ideal para este contacto. Además de la orientación e intercomunicación en este tipo de relaciones, no hay satisfacción igualable a ese lector/a que disfrutó con lo escrito y, así de claro y sencillo, te lo hace saber. Sin duda es un modo de compartir y enriquecimiento mutuos. 


     Le paso el “tutor” a Gatopardo, por eso de que ella fue el origen de esta interesante propuesta, pero animaos todos a contestar. Sin sentirse obligados ni comprometer a nadie, podéis postear la pregunta y sus respuestas. Pero, sobre todo, si de verdad os gusta escribir, no dejéis de hacerlo: preguntaos y escribid, escribid... ¡Y gracias por compartir, amigos/as!

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¡¡¡ GRACIAS A VOSOTROS/AS !!!

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Leer a STEPHEN KING

Leer a STEPHEN KING

    "El 19 de Junio cogí el coche y llevé a mi hijo menor al aeropuerto de Portland, porque tenía que regresar a Nueva York. Después volví a casa, dormí un poco y emprendí el paseo de rigor. Por la noche teníamos previsto ir todos a ver La hija del general a North Conway, que queda cerca; es decir, que tenía el tiempo justo para dar mi paseo antes de la salida familiar.
   Me parece que salí hacia las cuatro, y justo antes de llegar a la carretera principal (en el oeste de Maine sólo hace falta que tengan raya blanca en el medio para que las llamen principales) me interné un poco en el bosque y oriné. Pasarían dos meses antes de que pudiera echar otra meadita de pie.
   Al llegar a la carretera asfaltada me puse a caminar hacia el norte por la grava del arcén, con el tráfico en sentido contrario. En un momento dado me adelantó un coche que también iba hacia el norte. Cerca de un kilómetro después, la conductora se fijó en una camioneta de marca Dodge y color azul claro que iba hacia el sur dando bandazos, como si el conductor apenas la dominara. Una vez la camioneta estuvo lejos y ella fuera de peligro, la conductora del primer coche se volvió hacia su acompañante y le dijo:
-El que iba a pie era Stephen King. ¡Espero que no lo atropelle la camioneta!
   El kilómetro y medio de carretera asfaltada de mi paseo es casi todo visibilidad, pero hay un tramo, una subida corta y bastante empinada, donde, si se va caminando hacia el norte, casi no se ve lo que viene por el otro lado. Estando yo a tres cuartos de la subida, Bryan Smith, el dueño y conductor de la camioneta Dodge, llegó a lo alto de la colina. No iba por la calzada, sino por el arcén. El mío. Calculo que tuve como tres cuartos de segundo para darme cuenta, lo justo para pensar: ¡ay, Dios mío, que va a atropellarme un autobús escolar!, y echarme un poco a la izquierda. Luego tengo un corte en la memoria, y al otro lado de ese corte aparezco tumbado en el suelo, mirando la parte trasera de la camioneta, que se ha salido de la carretera.(...)
   El hecho de que en el momento en que chocaron nuestras vidas no estuviera fijándose en la carretera se debía a que su rottweiler, que viajaba al fondo de la camioneta, había saltado al asiento de atrás, donde había una nevera con un poco de carne. El perro se llamaba Bullet (Bala). (Smith tenía otro rottweiler en casa que se llamaba Pistol.) Viendo que Bullet intentaba abrir la nevera con el hocico, Smith se había vuelto para ahuyentarlo. Mientras el conductor miraba al perro e intentaba apartarle el morro de la nevera, la camioneta había llegado al punto más alto de la loma; en fin, que entre mirada y mirada al perro, entre empujón y empujón, se había producido el atropello. Luego Smith le contó a sus amigos que creía haber chocado con un cervatillo, hasta fijarse en que tenía mis gafas manchadas de sangre en el asiento de delante: habían salido volando cuando intentaba apartarme de la camioneta. Tenían torcida la montura, pero los cristales intactos. Son los que llevo ahora, al escribir.
   Así ha seguido yendo todo: a mejor. Desde la primera tarde de bochorno en el vestíbulo me han operado la pierna dos veces más. También he sufrido una infección bastante grave, pero ya no llevo el fijador externo y sigo escribiendo.

   Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya. Ser feliz. (...)Escribir no es la vida, pero yo creo que puede ser una manera de volver a la vida. Lo averigüé en verano de 1999, cuando estuvo a punto de matarme el conductor de una camioneta azul".

 

 

 

 

 

 

*(Extraído de "Mientras escribo", Stephen King, 2003).-
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