LEER A Carmen Martín Gaite
Al llegar la era informática, las editoriales empezaron a "exigir" a sus autores que entregaran los manuscritos en un disquete. Entonces Carmen compró una de aquelas máquinas digitales a las que siempre llamó las "ordenadoras", porque si eran las sustitutas de las máquinas de escribir, lo más lógico -según ella- era que también heredaran su género gramatical. Pero aquella "ordenadora" nunca traspasó el umbral de la casa de Carmen, no podía profanar aquel santuario de libros y mesas grandes, sino que fue a parar directamente al domicilio de Angelines, su secretaria. Carmen nunca llegó a utilizar la informática para trabajar. "Me sentiría triste si tuviera que escribir directamente ante una pantalla", comentó dos años antes de su muerte. A pesar de que comprendía sus ventajas y sabía que su generalización era imparable, a su edad no le apetecía introducirse en ese complejo mundo de bits y redes. "Siempre ha habido una primera vez -añadió-, en ponerse al teléfono y hablar, o en montarse en un avión. Yo me muevo en el mundo y, claro, evoluciono. No me faltan la curiosidad ni la amplitud de miras; edad de aprender, en cambio, no la tengo ya." Se refería, claro está, al aprendizaje de asuntos técnicos, porque su actitud vital siempre fue muy receptiva a las novedades.(...)
Una de las claves del éxito de sus escritos es su carácter testimonial, su capacidad no solo de reflejar el lenguaje cotidiano, sino de capturarlo en sus múltiples variantes y registros. "En una ocasión -cuenta su hermana-, iba yo con Carmen en el autobús, y una señora se dirigió a ella mostrando su sorpresa por encontrarse a una escritora conocida a su lado:
-Pero, ¡usted es Carmen Martín Gaite!, ¿no?
-Sí -le respondió ella con naturalidad.
-¿Y usted viaja en autobús?
-Señora, ¿usted me lee? -le preguntó Carmen a su vez.
-Sí -le dijo la mujer.
-Entonces, cómo quiere usted que todo lo que yo cuento suceda en otra parte que en la calle. Si no tomo este autobús o el metro, no me entero. Si no entro en los cafés o hablo con los camareros, no podría escribir lo que usted ha leído."
Otra manera de relacionarse con sus lectores era a través de la correspondencia. Carmen recibía cartas de entusiastas que vibraban con su obra y le expresaban su admiración. Responder agradecida a todas esas cartas era para ella una agradable ocupación que procuraba cumplir con prontitud, aunque le llevara no poco tiempo del que nunca andaba sobrada.