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LEE TAMARGO

NO TIENE PRECIO

NO TIENE PRECIO     Un estrecho brazo de tierra unía la península del recinto al resto de la ciudad. Algo le alertó de que había traspasado el umbral de alguna invisible frontera, tal vez influído por el hecho de que los vehículos no podían hacer lo mismo. El cielo cambiante del norte estaba hoy claro y la tarde, diáfana de azul, apropiada para el paso calmo y el trayecto breve. Miró el reloj en un gesto instintivo de rutina y, ante la primera bifurcación que salió al encuentro, optó por la senda de su izquierda, que ascendía zigzagueante bordeando la costa suave, ceñida a un mar bravo que ahora prefería mecerse en una tregua pausada de olas. No quería olvidar que se trataba de un mar fiero del que ya en otras ocasiones pudo comprobar su látigo de viento, cuando enarbolado de su coraza gris batallaba rudo y rugiente. Atrás quedaban ya, sepultados por el apacible entorno, el murmullo de tráfico y muchedumbres que poco antes le apresaban los sentidos.
    Ahora la costa abría su vereda al paseante para convertirlo en cómplice de la inmensidad que iba descubriendo. Se paró e hinchó los pulmones en un trago hondo, intencionado de aire, en un intento egoísta por apropiarse de aquel instante preciso. Le inundó entonces aquel sabor a salitre que recordaba de la niñez y, despiertos los poros a la percepción, se sorprendió capaz de escuchar y sentir con inusitada viveza.
    Arriba, una nube de gaviotas anunciaba su llegada. El Palacio de Convenciones se erguía majestuoso junto al Parador y, desde lo alto, el panorama se ampliaba para perderse en un horizonte limpio, aunque jalonado de rompientes. Se asomó al acantilado abrupto; enfrente, la costa suave saludaba entre distante y orgullosa. Volvió a respirar hondo queriendo alargar los segundos, antes de reanudar el camino de regreso.
    Inició el descenso a la sombra de los pinos y palmerales que tejían una liviana techumbre de frescor. Se agachó para recoger un par de piñones sueltos que olisqueó antes de guardar en el bolsillo. Un aroma de resina se expandía de entre los árboles y saturaba la tarde que se cernía entre apagados cantos de búhos y urracas. Mientras, al fondo, seguían sonando los chillidos intermitentes de las gaviotas vecinas. Echó un último vistazo a la playa, otra vez el paseo tocaba a su fin; podía divisar el muro de verjas que contorneaba la entrada al recinto.
   Tintineó la piel áspera de un piñón dentro del bolsillo cuando un estruendo de sirenas rompió el sosiego... Un tumulto de gente se agolpaba a la entrada principal en torno a una columna de humo. Enseguida reconoció a los dos hombres que se acercaban pendiente arriba corriendo hasta él... El jefe de seguridad habló primero:
 -¿Se encuentra bien, señor?
 -Sí, claro. ¿...Pasa algo?
   Otros dos agentes hicieron acto de presencia por el lateral de la costa y aún se sumaron otros dos más que pudo distinguir, apostados en el límite del arbolado.
 -Bueno, señor, esta vez el tiro les salió por la culata. El artefacto les explotó cuando lo manipulaban... Hay cambio de planes, señor. Salgamos del recinto por atrás, ya nos esperan.
 -...Pero es Navidad! Quería acercarme a los almacenes del centro para comprar algún regalo...
 -No se preocupe, señor, llegará a tiempo a la cena –bromeó su jefe de seguridad.
   Llegó rodeado de doce hombres al furgón militar que aguardaba al otro lado de las verjas. En su interior, el capitán le tendió un uniforme...
 -Debe cambiarse, señor Presidente... Ya sabe.
 -Déjeme su teléfono, oficial, necesito hacer una llamada... –casi suplicó en tono urgente mientras se desvestía.
   El Presidente marcó el número de su secretaria:
 -Señora Donovan! ...Sí, bien, sí... Mire, necesito que me compre un regalo para mi esposa. Una joya, sí... No, otro anillo no. Una pulsera o unos pendientes, cualquier joya, no importa el precio... Bien, estaré en una hora. Perfecto.
  Salió del furgón custodiado por dos oficiales en dirección al helicóptero que ya en marcha les esperaba. Pudo observar de soslayo el coche oficial que emprendía la salida escoltado por el grupo motorizado. El Presidente tomó asiento al tiempo que olisqueaba uno de los piñones recogido en su paseo. Se recostó con la cabeza atrás y los ojos entornados intentando rememorar el breve aroma de un recuerdo. Cuando sobrevolaba la capital de su distrito, la ciudad iluminada de fiesta se ofrecía como un crudo espejismo, tal vez demasiado real, demasiado caro.

 

   

*"Es Una Colección de Cuadernos Con Corazón", (c) Luis Tamargo.-

http://sonrelatos.galeon.com/ntprecio.htm

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22 comentarios

LeeTamargo -

...¡Estamos de acuerdo, Isthar! No tienen precio, sobre todo porque su valor es incalculable...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

Isthar -

Hay cosas a las que yo sería incapas de renunciar, y esa es a estar y disfrutar de verdad de las personas que quiero. Ellas estan por encima de cualquier tipo de compromiso :)

LeeTamargo -

...Cierto, Corazón, elegimos el valor de lo que amamos y nos importa, algo que no tiene precio...
SALUDOS, AMIGA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Si son responsables de elegir ese precio también lo son de cobrarlo, ElEnigma. Otros deciden no poner precio con lo que no desean jugar... OK, GRACIAS A TI:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...¡Gracias, SiempreAsí, todos aprendemos! El mejor regalo es ese: seguir aprendiendo, amiga...
FELIZ DÍA: LeeTamargo.-

Corazón... -

Hola Lee :)

Me gusta éste relato que me ha puesto a reflexionar. Hay cosas que no tiene precio.El amor de nuestros seres queridos no se compra ni con todo el oro del mundo. Más sin embargo hay personas que deben renunciar a el a cambio de la fama y fortuna. No se puede tener todo en la vida, eso es cierto :(

Le me alegra comenzar un año más compartiendo contigo, un abrazo y saludos amigo!

;o)

El Enigma -

Es el precio que deben pagar algunos... pero en definitiva, no es nada alentador y sobretodo, placentero a la larga.

Saludos

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Siempre así -

Luís es precioso el post, como siempre, lo que aprendo contigo...(es que te lo tengo que decir).
Muchos besos.

LeeTamargo -

...Así es, Rosebud! En este caso el protagonista es más bien un prisionero de su posición. Si uno elige pagar ese precio también debe de asumir los riesgos consecuencias...
OK, BIENVENIDA: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...La vida es rica y variada, pero cada cual entiende la riqueza desde una perspectiva más o menos egoísta, Trini. Tampoco serán iguales las lecciones que cada cual extraiga...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Tal vez para que las realidades no nos sorprendan, Cieloazzul! Gracias por acercarte a leerme, amiga... ME ALEGRO:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Cierto, Luunna, tú lo has dicho: se resignan. Sea hombre o mujer, algo tiene ese tipo de poder que anula el valor de otros sentimientos... OK, GRACIAS:
LeeTamargo.-

rosebud -

la aspiración de los seres humanos de la realidad genera angustia, quizás en alguno de esos momentos del paseo es posible constatar la inacabable riqueza de la infinita variedad de la naturaleza,siempre presente en nosotros y como no, en nuestro protagonista.

Trini -

Que triste, Lee. Que manera tan gris de vivir o de vegetar diria yo. Con lo bonita que es la vida que manera tan absurda de despreciarla.

Un abrazo

LeeTamargo -

...Muchas veces ocurre, Muralla, que en pos de la quimera del oro se consigue la ruina... SALUDOS, AMIGA:
LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Hay precios demasiado caros, Noemí, porque algunos valores entran en el terreno donde ningún dinero lo vale. Cada cual elige...
GRACIAS A TI: LeeTamargo.-

LeeTamargo -

...Sin duda, Darilea, hay precios que no tienen precio... GRACIAS, AMIGA:
LeeTamargo.-

cieloazzul -

Lee, pero como siempre un gusto leerte!!!
siempre sorprendiéndo con un hilo de realidades!!
besos muchos...

Luunna -

Bueno la gente que llega a ese estadio de poder, sabe lo que resigna, pero dicen que el poder es afrodisiaco, la mujer seguro que la joya le encanto, y si esta al lado del el,lo siguio en el proceso de perder intimidad.,todo tiene un precio en la vida,y no me refiero a dinero..
Un abrazo Lee te sigo leyendo
Luunna

Muralla -

Qué triste manera de desperdiciar una vida...y más aún, qué pena no enterarse de que se está perdiendo...
Bicos.

noemi -

Que miedo dá, eso de ser comido por tus obligaciones de tal manera que desaparezca tu intimidad, tu vida personal, tus gustos, tus tiempos...

Besos, Lee

Darilea -

Que pena que halla personas
que solo le encuentren valor a lo material.
El mejor regalo habría sido su presencia.
Un besito
Pd.Un placer leerte como siempre.
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