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LEE TAMARGO

PILAR BLANCO: Premio de Poesía "Alegría"

PILAR BLANCO: Premio de Poesía "Alegría"

Es la última ganadora del Premio "Alegría" de Poesía del Ayuntamiento de Santander. Pilar Blanco, poeta, leonesa de Bembibre y afincada en Alicante ha presentado "Luz herida", su poemario galardonado.
-La práctica totalidad de su poesía está protagonizada por Pilar Blanco y por su mundo, es una poesía de mirada hacia el interior más que al exterior. ¿Cuál es la relación que pretende establecer con el lector ajeno a usted?
-Creo que esa etapa enmimismada llegó hasta "A flor de agua" y ya ha quedado atrás. El mundo que comparto con los demás es sin duda el mismo, pero no puedo sino contemplarlo a través de mis ojos, que comprenden mi memoria, mi visión del mundo, el conjunto de mi subjetividad. No creo que sea la protagonista de mi poesía, sólo la lente que empaña o distorsiona o perfila o suaviza la realidad. El lector, según mi experiencia, establece vínculos con aquella poesía que interpreta el mismo aspecto de realidad que a él le obsesiona, que le ayuda a formular sus propias preguntas o abre ante él las posibles respuestas. Y esa es la relación que me interesa entablar con él. Busco compañeros de naufragio.
-¿Y cuál es la relación que existe entre la poesía y usted misma?
-Todas las posibles. Desde que tengo memoria la recuerdo enraizada en mí como parte de mi ADN, tanto que no podría entenderme sin ella. No obstante, la he negado muchas veces y la he relegado a la clandestinidad para que viviera sólo dentro de mí. Primero fue mi alimento y el espejo en el que me estudiaba; pero, de un tiempo a esta parte, interviene y hasta condiciona mi comunicación con los demás.
-¿Qué puede decirme sobre la necedad de la etiqueta "poesía femenina"?
¿Qué le parece que sigan haciéndose antologías con ese criterio?
-Casi todas las etiquetas son empobrecedoras y algunas premeditadamente necias. Pero suelen ser del gusto de los que creen que dan el pase al sancta sanctorum de la posteridad. A veces me pregunto si es que tienen miedo de que nos midamos de igual a igual con los hombres, puesto que a las poetas no nos comparan con quienes comparten con nosotras edad o formación o adscripción literaria, sino con otras poetas con las que a lo mejor no compartimos más que las hormonas. Hablar de poesía de mujeres (lo de "femenina" ya es directamente de imbéciles) o de negros o de la ruda poesía de los descargadores de muelles describe a quién lo hace, no a quienes son víctimas de él. En cuanto a las antologías, sé de la intención de algunas de evidenciar la desproporción sangrante que existe entre las supuestamente generales y la nómina de escritoras existente, porque siempre se suele aducir que no hay apenas mujeres que cultiven la poesía que se mantengan a un cierto nivel. Estos catálogos demuestran lo contrario y la falacia de determinados argumentos, pero no es cuestión de cuotas sino de perder la invisibilidad. Yo no escribo expresamente para las mujeres ni desde un punto de vista sexuado. Por lo tanto, quiero que se me enjuicie como poeta sin atributos.(...)


*(Extraído del Diario Montañés, 12 de Noviembre-2004:
Premio de Poesía "Alegría").-
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EL DUENDE PARTICULAR: Relato

EL DUENDE PARTICULAR: Relato

Al doblar la curva del río, entre la espesura de hayas, hay una gran piedra plana, redonda, semiroída en uno de sus cantos. Sentado en ella, apoyado sobre la cagiga milenaria puede contemplarse el río. El agua juega y arremolina espuma entre los surcos de las rocas enmohecidas. Un hilo de luz se asoma por el techo de hojas y, desde arriba, dibuja un arcoiris en la orilla, un manto multicolor que envuelve al hada del arpa, que danza y deja bailar sus dorados cabellos al sol, rodeada por un séquito de diminutos duendes, numerosos y curiosos, que se acercan y rodean la gran piedra plana. Algunos, de nariz arrugada, son feos y se esconden detrás de los árboles. El más bello se acerca y mueve los labios. No me habla, pero le escucho y, mientras se acompaña de suaves movimientos y ademanes delicados, me explica que lo veo porque soy niño. Se llama Particular, respondiendo a mi pregunta y continúa explicándome que él es el duende que me corresponde. Sí, de acuerdo al carácter de cada uno nos acompaña uno u otro duende y, por un instante, suspiro aliviado de que no sea uno de los que se ocultan tras las peñas. Con gestos elegantes se da prisa en aclararme que no somos niños siempre, que luego crecemos y es natural que así sea, pero que perdemos el alma niña y nuestro espíritu queda enturbiado por el tiempo. Después, un día, cuando contamos el secreto desaparece finalmente el hechizo.
Aún resuena el eco del duende en mis recuerdos. A la entrada del río, hoy, un cartel de grandes letras se anuncia: "Se Vende Finca Particular"… Lleva ahí tantos años como los que yo anduve fuera del hogar. Ahora sé que no existe riqueza alguna capaz de comprar lo que ese bosque esconde. Y si lo hubiera, andaría igualmente sobrado de ignorancia al desconocer el verdadero valor de tesoro tan incalculable.
…Hoy espero al otro lado del puente y, desde la orilla, a veces veo llegar algún niño que regresa por el camino vecinal, junto al río. No parecen ni tristes ni alegres… Son sólo niños, verdaderos niños que el río contempla a su paso.


*"Es Una Colección de Cuadernos Con Corazón", (c) Luis Tamargo.-
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Relato: LOS ACANTILADOS

Relato: LOS ACANTILADOS

    No era un lugar muy frecuentado, de ahí su encanto a pesar de lo accidentado del acceso. Sin embargo la vista panorámica que ofrecía era digna de disfrutar. Desde arriba, ellos no se perdían ni una sola puesta de sol y si empeoraba el tiempo también le encontraban el lado atractivo, fieles a su cita diaria del mediodía el más mayor recordaba épocas pasadas mientras los más pequeños escuchaban con atención. Uno de los ancianos se sumó a la reunión con la avidez de rememorar su historia preferida...
-...Pues sí, ese faro que veís ahí abajo abandonado lo construyeron antiguos prisioneros, fue su castigo de guerra. Podéis contemplar las huellas que los cañones dejaron en alguno de los acantilados, sin ir más lejos la Peña del Nido quedó truncada en una de aquellas contiendas. Los hombres esculpieron uno a uno cada peldaño que baja desde la costa, era necesario salvar el desnivel para construir este faro que tenemos debajo nuestro. Yo mismo pude contemplar entonces cómo alguno de aquellos hombres cayó al mar, a veces incluso se tiraban ellos mismos, locos por escapar de tan negro porvenir. La muerte entre los arrecifes era más deseable que su triste destino de encierro.
-...Debe ser horrible no volver a sentir la brisa ni el batir de olas!-, enfatizó uno de los más jóvenes.
   El vuelo rasante de una gaviota les sacó del concentrado interés que había adquirido la conversación, era un aviso. En efecto, al poco se dejaron escuchar las voces animadas de un grupo de colegiales que descendían por la escalera del acantilado, algo arriesgado quizás para sus endebles pies, pero sin duda una excursión programada con éxito para descubrir las maravillas de la naturaleza costera. Los cuidadores no escatimaban en precauciones para mantener ordenados a la tropa de jóvenes que, a la vez que bajaban los escalones se distraían en observar y apuntar con el dedo a cada roca, cada gaviota o árbol de curiosa forma o extraña ubicación, que llamaban su atención.
    La paz del lugar se tornó de repente en un jolgorio de risas y chillidos. El tono estridente de alguna de las niñas asustó hasta a las gaviotas, que se elevaron presurosas sin cesar de advertir a sus convecinas. Desde lo alto, contemplaron impasibles el barullo de aquella invasión de turistas...
-Se nota que llegó el buen tiempo...-, acertó a replicar el anciano, interrumpido en lo mejor de su historia. -Habrá que empezar a acostumbrarse a esto otra vez!
   Abajo, los excursionistas se agolparon junto al faro semiderruído, sin sospechar que eran observados. Los gritos de los niños crecían en desconcierto, hasta que los cuidadores dieron la orden para sentarse en torno al viejo faro y comenzar la merienda. Hasta lograrlo pasó un largo rato de tensión e impaciencia desbordada. Luego, tan atareados andaban en hincarle el diente a sus bocadillos que, por unos breves instantes, pareció regresar la calma a los acantilados, tal vez excesiva para los nuevos visitantes, más acostumbrados al bullicio que al hondo silencio de los lugares inhóspitos. No tardaron, por tanto, en volver a las andadas, primero con canciones en grupo, luego incorporando bailes a los que con dificultad acompasaban de histéricas risotadas forzadas. Una de las cuidadoras tuvo la feliz idea –bien acogida al principio- de iniciar una ronda de chistes y acertijos con el fin de mantenerles al menos sentados en un sitio fijo y acabar así con las peligrosas cabriolas al borde del acantilado. Pero pronto derivó en una exhibición de lenguaje soez y desagradable. El resto de cuidadores cambió entonces de estrategia a fin de reconducir la energía descontrolada de su alumnado y poner fin a los improperios. Al fin dieron resultado sus pretensiones y el turno de juegos trajo al menos una algarabía más pausada, influída también por la fatiga de algunos de los muchachos que no habían cesado desde su llegada de gritar y brincar. Una de las pequeñas se dirigió al grupo a voz en grito:
-Mirad! Esa roca parece una cara... Sí, mirad, la he visto reírse!
   Todos prorrumpieron en sonoras carcajadas burlándose de la desatinada imaginación de la chiquilla...
-...Sí, sí... Y allí otra! ¿No veis que tiene la boca abierta?
   La burla se extendió como la pólvora, a cada instante más carente de gracia; al desternillante ambiente de antes le sucedió un insoportable recelo que se escapaba así de las manos e intenciones de los apesadumbrados cuidadores. La velada había sido más que suficiente y otra vez revueltos, raudos, se dispusieron a iniciar la marcha de vuelta no sin la consabida complicación de aunar en fila a toda aquella desbandada de niños inquietos, si cabe ahora aún más pesados ya que acusaban las secuelas del cansancio y el aburrimiento. El enfado en la despedida llenó el enclave de lloros e insultos, los cuidadores intentaban poner las paces entre los puñetazos y empujones con amenazas de castigo, agobiados por tanta impotencia ...
-Sí, mira aquella roca... Parece la nariz de una bruja...-, insistía la pequeña ante la indiferencia del resto.
   El grupo de niños siguió la inclinada ascensión de regreso por los escalones del acantilado entre risas y llantos y, a lo lejos, se fue perdiendo el rumor de voces hasta terminar por desaparecer del todo. El anciano no pudo evitar recriminar a los turistas el mal sabor de tarde que le habían dejado...
-No sé si me acostumbraré a esto alguna vez...
   Otro de los jóvenes, que observaba la situación desde arriba, animó al viejo para que continuara con su historia, pero el mayor les mandó callar:
-Shsss... Parece que vienen! ¡Poneos serios!
   Una de las cuidadoras había bajado de nuevo hasta el acantilado. Su mirada se dirigía nerviosa por cada esquina, deambuló un rato alrededor del faro, por los sitios donde antes había acampado la excursión hasta dar con la mochila extraviada. Luego, sin dejar de lanzar esporádicas y desconfiadas miradas sobre las rocas, se apresuró en volver en pos de los niños.
   La tarde ahora se vestía de dorados reflejos que el sol poniente pintaba en los acantilados. Las sombras del crepúsculo se proyectaban entre las rocas dando la sensación de que se alargaban, parecían moverse...
 -Vaya pandilla de desalmados! ¡Prefiero a las gaviotas!-, gruñó la gruta abierta, que mostraba restos de papeles y plásticos amontonados en su entrada.
   ...Los acantilados jóvenes no dejaron de reírse, mientras la noche extendía sobre ellos el mismo manto oscuro que venía empleando desde hacía siglos.
 



*”Es una Colección de Cuadernos con Corazón”, (c) Luis Tamargo.-
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UNA ANÉCDOTA LITERARIA: Federico García Lorca

UNA ANÉCDOTA LITERARIA: Federico García Lorca

"A mí, Federico García Lorca no me acabó de ser nunca simpático como le fue a casi todo el mundo. Era como un chico de pueblo ordinario que se hubiera puesto un lazo de seda en el pelo y sentado frente a un piano a hacer gracias.
Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestía cursimente y presumía de ser gracioso, espiritual y mariquita del Sur. Sus versos ya eran naturalmente algo y quizá mucho, aunque sin embargo con ese cursileo histérico lleno de ayes, de limoneros, de fascinación por los hombres morenos y de incursiones en lo folclórico. A mí me pareció siempre un zangolotino para estudiantes de la F.U.E., aunque nunca negué su talento, y ahí están mis opiniones críticas a la vista de todos.
Estas cosas creo que son casi siempre recíprocas. Tres o cuatro veces intentamos, tan sin ningún entusiasmo, una relativa amistad que aquello quedó en nada. Nunca nos llamamos de tú, y un día que, coincidiendo con algunos amigos comunes, se habló de ir a casa de no sé quién para oír unas canciones al piano y que yo dije que no podía acompañarles, recuerdo que él, quizá creyéndolo una desconsideración, me dijo destempladamente y sin que viniera a cuento:
-Usted tendrá citada una de esas Mata-Haris que meriendan bocadillos de jamón...
-¡Hombre, Federico!... ¡Es que usted sólo conoce marineros que meriendan nardos!


*(De "Mi medio siglo se confiesa a medias", César González-Ruano).-
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AUTOENTREVISTA: Revista Literaria

AUTOENTREVISTA: Revista Literaria

Luis Tamargo se autoentrevista con "nueve respuestas" en el Boletín de "El Confesionario" (Agosto de 2004), la Revista del Portal Literario de Hispanoamérica:
..."NO ES FÁCIL VIVIR DE LA LITERATURA,
ES MEJOR VIVIR CON ELLA"


Acepto de buen agrado la invitación de El Confesionario para realizar mi primera “autoentrevista”, sobre todo motivado por la idea de no andar con prisas para llegar al hotel o sala de prensa donde los fogonazos de las cámaras pueden enturbiar el clima favorable a la charla distendida y amena. A un lado las bromas, no puedo negar que me atrae el reto de preparar mis propias preguntas e incluso la salida victoriosa de las más comprometidas porque en el fondo escribir, la creatividad, supone el reto de enfrentarse al mundo desconocido de un papel en blanco... Creo que ya estamos metidos en materia:


- ¿...Mis pecados?
Bueno, confieso que no soy perfecto, ninguno lo somos, pero escribir ayuda a percibir el mundo, sus realidades, desde distintos puntos de vista. Con once años ya tenía escrita mi primera novela, mitad influenciada y ambientada en las películas de vaqueros. Dos años después quedé finalista de un Certamen de Redacción regional organizado por una afamada marca comercial. Estas inclinaciones tan decantadas marcaron mis estudios posteriores en la universidad. Luego la realidad es otra, hay que ganarse los garbanzos con otra profesión y trabajo. El escritor siempre debe estar abierto a aprender, somos mejorables y el escritor se desarrolla por medio de la práctica, a través de la experiencia.
Me alegro de ser un escritor paralelo que trabaja y escribe, porque me siento escritor. No se trata de una afición de ratos libres sino que, a fuerza de hábito, uno está atento a ese detalle que surge delante o que apenas se insinúa para, después de haber rondado durante semanas o meses en tu imaginación, acabar cobrando forma de vida en un texto. Uno escribe lo que es, para diferenciarse de ser lo que se escribe. Ahora las influencias son otras, ricas y variadas... Me pone en un aprieto si he de nombrar mis autores favoritos, dejémoslo para más adelante.


- ¿Y las virtudes?
Buena pregunta, a menudo suelo repetírmela. El mero hecho de destinar ese tiempo precioso a construir con frases o palabras una historia que contar ya es de por sí un primer paso de generosidad y altruísmo. Alguien afirmó que el artista gozaba del privilegio de una energía sobrante. Cuando el escritor contempla la obra resultante nada hay igualable a esa satisfacción callada, que sólo los que se atrevieron son capaces de comprender.


-¿Por qué escribo?
Lo hago porque me gusta, porque tengo necesidad de contar, contar algo y un modo especial de contarlo. Para compartirlo y darlo a conocer, porque me lo paso bien cuando escribo, porque disfruto y lo necesito.


-¿Temas preferidos?
La Naturaleza (con mayúsculas) cobra un sentido especial en mis textos, casi siempre presente se erige en verdadera protagonista. Admiro el estilo de Knut Hamsun, un Nobel que convierte sus descripciones de la Naturaleza en magistrales, sobre todo por el respeto con que la trata. No hay que olvidar que fue cazador, granjero, agricultor entre otras ocupaciones y de ese contacto cercano emana un sentimiento auténtico bien expresado y transmitido cuando se lee su obra.
En mis historias, además de desarrollar un argumento busco implicar al lector, hacerle partícipe de sensaciones o situaciones y, a ser posible, casi siempre sorprenderle al final, al menos impactarle, bien con un hecho insólito o con asombro o reflexión hacia un inesperado giro. El sistema de vida de nuestro tiempo nos obliga al sobreesfuerzo, nos estresa y resta tiempo para nuestros numerosos quehaceres, por tanto cuando coges un libro quieres aprovechar al máximo ese breve período de tiempo y que lo que lees te subyugue, motive, impacte o te haga reflexionar con distinto ritmo que el de tus ocupaciones cotidianas. Ese es el nuevo valor de la lectura hoy, también soy lector y lo tengo presente cuando escribo.


-¿Qué opino de la técnica? ¿Qué me inspira?
La técnica de escribir es importante, pero el árbol no debe ocultarnos el bosque. Si no existe un alma en lo escrito, eso que se define como una personalidad propia, toda la estructura gramático-sintáctica se vendrá abajo.
Un corrector podrá arreglar el aspecto formal de un escrito, pero no logrará insuflar alma si no la tiene. Escribir es construir, el armazón lingüístico es necesario, pero el espíritu del texto debe flotar palpable en el ambiente. En lo personal, disfruto cuando descubro el entramado de la emoción bien expresada y no cuando escribo “barco” con “b”. No cabe duda, para escribir o leer hay que sentir.


-¿Cuál es hoy la situación de los escritores noveles...?
Considero que Internet ha venido a ocupar un hueco significativo para quienes tienen ese particular hábito de la escritura y gustan de compartir sus escritos o comentarios, así como leer los de otros. A veces no tienes posibilidades de acceder a una tertulia en tu lugar de residencia, sea por inexistencia o por desconocimiento. La red suple esta misión, aunque exenta del contacto presencial, sin embargo aporta una visión orientativa de lo que otros interpretan cuando te leen o escriben.
En lo demás, creo que seguimos con la misma situación preexistente de la participación en certámenes o la dificultad en publicar. No es fácil vivir de la literatura, es mejor vivir con ella. Así que procuro evitar perderme en elucubraciones de orden económico no vaya a espantarse el duende que anima la escritura. Las ganas y la ilusión, ahora mismo, junto con el esfuerzo continuado, deben ser las idóneas compañeras de este viaje, gratificante ya de por sí.


-¿Estado actual de mi espíritu?
No podía faltar la típica del cuestionario Proust... Creativo, sí, esa es la palabra!


-...Ahora sí, ¿mis escritores favoritos?
Ante todo, agradezco a mi padre la colección de premios Nobel de Literatura que me acompañaron desde el estante de mi infancia y que hoy labraron un camino... Knut Hamsun, Jhon Steinbeck; algunos poco conocidos como Felisberto Hernández; otros más: Juan Rulfo, Julio Cortázar, Joseph Conrad, G.G.Márquez. Entre los actuales: Luis Landero, Juan José Millás, etc. No hemos hablado de los poetas, imposible pretender rescatar a todos del olvido. En definitiva, uno suele recurrir a sus ídolos preferidos, siempre pocos y escogidos, a los que no importa releer pues representan nuestros hitos literarios.


-¿Qué aconsejaría a los que empiezan?
Escribir y escribir. No hay método que valga, ni fórmula resumida. Sólo escribir y leer, leer, leer...
También insistiría sobre el lado comercial del libro, que no escriban pensando sólo en premios o publicaciones. Escribir ha de convertirse en una acto natural antes que alcanzar cotas de mercado. Sólo así puede trabajarse un estilo propio con temas propios y originales, que nacen del desinterés hacia los mercados de la edición. No niego el papel de estos ni su relevante función, tan sólo matizo que el que escribe no puede fijar su horizonte en el negocio. Un escritor, ante todo, necesita espacio amplio, libertad a mares. El éxito obedece a leyes insospechadas, a veces caprichosas. Mi horizonte está en escribir bien lo que quiero contar. Además, siempre estamos empezando.
Para mí ha sido un placer: Gracias por la experiencia!


- - -

Luis Tamargo es natural de Santander (España), de 45 años. Cursó estudios de Filología Hispánica y publicó su primer libro de poemas, titulado “Escritos Para Vivir”, en 1998. Además de su obra poética, agrupada bajo el sobrenombre de “Poemágenes”, trabaja en la actualidad en una selección de relatos donde la prosa adquiere una dimensión poética emocional.

http://www.elconfesionario.net

Leer a FELISBERTO HERNÁNDEZ :

Leer a FELISBERTO HERNÁNDEZ :

..."Después del primer acorde salieron sonidos
que empezaron a oscilar como la luz de las velas".
("El Balcón", de Felisberto Hernández).


Nació en Montevideo (Uruguay). Pianista y escritor. Realizó numerosas giras presentando conciertos por el interior del país y de la Argentina. Fue compositor, su interés por la filosofía, la psicología y el arte, lo llevó a integrar el círculo de amigos al que pertenecían Vaz Ferreira, Alfredo y Esther Cáceres y Joaquín Torres García, entre otros. Hacia 1940 abandonó definitivamente su carrera de pianista y se dedicó a la literatura. Su mentor y amigo, Jules Supervielle, lo presentó en el Pen Club de París y en el anfiteatro Richelieu de La Sorbonne.
Ingresó de taquígrafo en la Imprenta Nacional; él mismo había inventado un sistema taquigráfico en el que copió algunos de sus cuentos y el cual aún no ha podido ser descifrado.
Entre sus obras: "Por los tiempos de Clemente Colling", "El Caballo perdido", "La Envenenada", "Nadie encendía las lámparas", "El balcón", "Las Hortensias", "La casa inundada", "El cocodrilo", "Tierras de la memoria", etc...
Su obra es el resultado de una extraña y fascinante mezcla de realidad y de sueño, de observación irónica y de fantasía poética que merecen ser leídas.

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Leer a ROSALÍA DE CASTRO:

Leer a ROSALÍA DE CASTRO:

HOJAS MARCHITAS

Las rosas en sus troncos se secaron,
los lirios blancos en su tallo erguidos
secáronse también,
y airado el viento arrebató sus hojas,
arrebató sus hojas perfumadas
que nunca más veré.

Otras rosas después y otros jardines
con lirios blancos en su tallo erguidos
he visto florecer;
mas ya cansados de llorar mis ojos,
en vez de llanto en ellos, derramaron
gotas de amarga hiel.

*(De "POEMAS SUELTOS").


-LEER A ROSALÍA DE CASTRO:

No disfrutó de la gloria literaria, que merecía más que todos los escritores de su generación, cuando a los cuarenta y ocho años le llegó su final temprano. Tampoco la buscó nunca. Murió en Padrón, rodeada de su familia y sus últimas palabras fueron: "Abrid esa ventana que quiero ver el mar..."
Si alguna vez vais a Padrón, visitad su casa convertida en museo.

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A LA DERIVA: Relato

A LA DERIVA: Relato

El contorno costero había desaparecido de la línea, ahora limpia, del horizonte. Había navegado sin descanso, obsesionado por perder de vista cualquier atisbo de tierra firme. Aquel año el curso había sido demasiado intenso e, incluso, su padre se había excedido en su exigencia por no desaprovecharlo insistiendo de continuo en la parte del futuro que estaba en juego. Por eso, todo el objetivo de aquellas vacaciones era relajarse distendidamente hasta la saciedad y, así primero, había que aislarse de todo ruido que sonase a recuerdo de hábito rutinario. Para ello cogió el velero de su padre y salió mar adentro. No dijo nada, tan solo dos días y volvería, renovado. Esa noche el mar también dormía y balanceaba el balandro con su mecer calmo. Sin embargo, como en otras ocasiones, aquel maldito juego mental no le dejaba conciliar el sueño. Lo achacó a la influencia cercana de las obligaciones cotidianas, de las que aún no había logrado desembarazarse en su totalidad. Ahora que necesitaba descansar y dormir era cuando se le planteaban a modo de desafío aquel tipo de dilemas que le hacían perder el tiempo, pero imposibles de eliminar a su pesar. El reto en sí era sencillo… Había dedicado la tarde a practicar nudos en cubierta, mientras las velas se dejaban llevar por una brisa suave y generosa. Practicó los nudos marineros que ya conocía, se ató un brazo, las piernas, utilizó también las cornamusas y, a la vez, aprovechó para intentar aprender algún otro nudo nuevo. Y ahora, en vez de descansar, aquella pesadilla sin fin le debatía en si un hombre atado por el tobillo a un cabo que arrastraba un velero, empujado por el viento, tenía posibilidad de salvación. Para él no había problema pues, incorporándose para agarrase el pie y alcanzar el cabo, solo había que jalar la cuerda con uno y otro brazo hasta subir a cubierta. Sin embargo, otra voz en su cabeza le intranquilizaba con la posibilidad de que la creciente velocidad del velero, impulsado por fuentes vientos, resultaba proporcionalmente superior al esfuerzo necesario del hombre, no para alcanzar su pie y el cabo, sino incluso para poder incorporarse. Ante tal impetuoso avance el hombre, incapaz de reaccionar y moverse, vería cómo el cielo desaparecía bajo el mar, hundiéndose entre bocanadas de agua.
En la mañana del día siguiente el helicóptero, desde arriba, logró atisbar el velero y dio parte a Comandancia Marítima. Por fin, la lancha guardacostas encaminó su rumbo al barco desaparecido durante dos días. Ya antes, su padre había avisado, preocupado por la tardanza. Al llegar a la amura de babor, los guardacostas encontraron un cabo atado a bordo del que pendía el cuerpo del joven, por un tobillo, semihundido y ahogado en el mar. Es una peligrosa maniobra, parecieron decirse con su mirada mientras rescataban el cadáver del agua. Un cambio imprevisto del viento puede jugar una mala pasada, lo saben todos los marinos. Una trasluchada de popa golpea al tripulante, desprevenido, que pierde el equilibrio y cae al agua, quedando así a merced del oleaje mientras su barco sigue alejándose… Pero, ¿por qué llevaba atado su tobillo aquel muchacho…?
El mar silencioso callaba sus olas entre los reflejos luminosos del sol que nacía. Como si el viento anduviera escondido ni siquiera había brisa y las velas flameaban al sol, quietas.



*"Es Una Colección De Cuadernos Con Corazón", (c) Luis Tamargo.-
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