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LEE TAMARGO

Otras 5 del Viernes :

Otras 5 del Viernes :

-LAS 5 DEL VIERNES:

1) ¿Lees la prensa o utilizas otros medios para informarte?
2) ¿Cuando lees el periódico, empiezas siempre por la misma sección? ¿Cuál es?
3) ¿Haces los pasatiempos de tu diario favorito? ¿Eres un adicto? O por el contrario,
¿eres incapaz de terminar ninguno?
4) ¿Lees el mismo periódico que leían tus padres o has variado? ¿Por qué?
5) ¿Eres capaz de leerte de cabo a rabo el periódico dominical (suplementos incluidos)?
¿O es que no puedes ni con el de diario?

¡Feliz fin de semana a todos y gracias por participar!
http://www.lascincodelviernes.blogspot.com/

LA TRAVESÍA

LA TRAVESÍA

Se abalanzó sobre la yegua impulsado por un resorte automático, aunque era demasiado tarde y ya habían dado buena cuenta de ella. Los indios Urumhara eran expertos olfateadores de caminos, pero no aquellos piratas de bosques. No es El Montañés hombre que se arredre frente a enemigo alguno y tampoco nadie pudo vanagloriarse nunca de haberle encontrado desprevenido, siempre alerta, incluso durante el sueño. Lo habían hallado de casualidad. Les delató el resoplar de su respiración nerviosa mientras se emboscaban...
Prefirió huir hacia la espesura en vez de hacer frente a un número desconocido de asaltantes. Podían ser torpes, pero no estúpidos cuando empuñaban un arma. La noche estaba cerrada y alzando el fusil como el machete más certero, se abrió paso en la oscuridad, rápido, corriendo entre los árboles, hacia el río. Los disparos silbaban a su alrededor sin acertar y, de un salto, se zambulló en las aguas gélidas del Athur, caudaloso en ese tramo, pero peligroso y veloz cuando desemboca más abajo en los rápidos rocosos.
Era cuestión de tiempo, por eso escogió nadar contra corriente. Distinguió, entre bocanadas de agua, las sombras de sus monturas recorrer la orilla escrutando la corriente para dirigirse río abajo, explorando cada palmo.
Avanzar río arriba resultaba lento y penoso, apenas se ganaban algunos metros y había que tener agallas para mantenerse el tiempo suficiente y que sus perseguidores optasen por emprender la búsqueda en la lógica dirección del río hacia adelante. Con la cabeza sumergida en el agua los cascos de los caballos suenan igual que truenos, trepidantes. Corriente arriba, se asomó en la margen opuesta, después de comprobar la ausencia de amenaza. Exhausto y mojado, con el fusil colgado a la espalda, caminó monte arriba el resto de la noche, sin descanso, hasta que el frío nocturno le atenazó los músculos e impidió a sus piernas dar un paso más.
Cuando despertó el sol estaba en lo alto. Se desembarazó del forraje de helechos que, a modo de abrigo, le dieron cobijo y, en pie, pudo vislumbrar al fondo los montes Betsales, una hilera montañosa de diminutas cumbres redondeadas, que dibujaban la línea limpia de la frontera con el noroeste. Más allá, también limpio y cruel, el desierto. No había otra salida.
Afrontó su suerte con la decisión firme que siempre imprimía a sus actos, aún a sabiendas de que cada paso que daba desierto adentro significaba acercarse a un final seguro.
Por eso se tendió, inerte, sediento y sin agua, castigado más allá del límite sobrehumano, dispuesto a que el fin salvador llegara pronto. Hasta sus ropas acartonadas por el calor le hacían daño y así, boca arriba, encaró la claridad inmensa que se adueñaba de todo, a la espera que lo hiciera también de su vida sin escapatoria...
Ya debía estar muerto, pensó, al contemplar sobre sí los rostros de aquellas mujeres que le observaban. Quizás se encontrara ya en el paraíso que tanto le prometieron, porque le parecieron tremendamente hermosas, de una belleza exuberante y salvaje. Sus rasgos eran suaves, angelicales, pero firmes cuando sus delicados brazos lo voltearon para darle de beber aquella pócima o tal vez fuera agua. Soñó con ellas, con sus hermosos cuerpos. Si no estuviera muerto habría jurado que las amó, sobre todo a aquella joven sonriente de lacio cabello negro, tan brillante como los hilos de plata que lava la luna en el espejo oscuro del río...
Esta vez le despertó una bocanada de aire fresco. La cegadora claridad de antes dejó paso a un cielo azul diáfano. Le sorprendió la energía con que se puso en pie y, atónito, contempló las laderas suaves que dan entrada a Ka-Al-Andhul, la primera ciudad habitada una vez traspasado el Desierto Gran Negro.
Los ladridos de los perros anunciaron su llegada al entrar en las polvorientas calles y las gentes comenzaban a arremolinarse en torno suyo con el rostro incrédulo, pues a la puerta de la ciudad se accede desde la llanura y nunca nadie antes logró atravesar el desierto desde el oeste y sobrevivir.
Fue el venerable Thamir quien lo rescató de la muchedumbre que palpaba su fusil y lo zarandeaba para cerciorarse de que realmente estaba vivo. El anciano lo llevó a su tienda y lo invitó a descansar...
- Se puede vencer al frío y al calor, pero no a los guardianes de las arenas...-, mascullaba mientras le ofrecía el amargo té con el que comercian los viajeros del desierto.
- A menos que...
Quizás fue la respuesta del anciano desvanecida en el aire o quizás el primer trago que templaba su estómago en muchas jornadas, lo cierto es que una sacudida hizo estremecerle hasta el entendimiento. Por unos instantes, resucitó vívida la imagen de las hermosas guerreras del desierto, esbeltas a lomos de sus camellos, sonrientes y ágiles, mientras se alejaban a galope y se perdían en la árida atmósfera de arena donde el sol extendía sus dominios. Al igual, con el segundo sorbo de té, se desvaneció el hechizo de su recuerdo y, a cambio, una sombra de duda empañó su mente ahora confusa... Quizás las diosas del desierto solo existieran en un sueño, quizás fueran eso, un espejismo, un deseo...
Afuera, en la plaza, los camellos descansaban en círculo, impasibles, a la espera de la próxima caravana que reanudara su marcha itinerante hacia otros horizontes de luz...

*("Episodios Sueltos De Una Leyenda Incompleta", de Luis Tamargo).-http://relatosweb.tuportal.com/elmontanes.html

Las 5 del Viernes:

Las 5 del Viernes:

-LAS CINCO DEL VIERNES:

1) ¿Cuál es tu opinión sobre la poesía?
2) ¿Memorizaste alguna vez una poesía para a decírsela a alguien después? ¿Se la
declaraste?
3) ¿Alguna vez haz escrito o tratado de escribir una poesía?
4) ¿Quién es tu poeta favorito?
5) ¿Cuál es tu poesía favorita y por qué?

¡Feliz fin de semana a todos y gracias!
http://www.lascincodelviernes.blogspot.com/

EPISODIO EN RÍO CUERVOS

EPISODIO EN RÍO CUERVOS

En Río Cuervos se acaba el camino. Hubo un tiempo en que la gente habitó sus orillas, pero hoy tan solo es un pueblo fantasma, refugio de alimañas o malhechores de paso. El Montañés conocía bien cada recoveco de aquel sitio que ahora evocaba en especial, quizás debido al duro contraste que representaba atravesar el árido terreno que separa Rocas Negras de La Peña. Le llevó varios días dar con la pista que llegaba hasta aquel maldito lugar donde, en otro tiempo, se ajusticiaba a los ladrones o a los condenados por crímenes. Ahora, sin embargo, tan apartado como olvidado era, por el contrario, el lugar aprovechado por los forajidos para poner término a la venganza justiciera de sus depravados desmanes.
El Montañés no dejó que el sudor empañara sus pensamientos. Aquel desierto pedregoso no permitía tregua ninguna durante el día y hasta la yegua presintió los extraños augurios, al recular, inquieta, negándose a avanzar frente a La Peña. El Montañés se apeó y continuó a pie, subiendo a la roca entre los guijarros sueltos mientras apartaba a patadas los atrevidos crótalos que el asfixiante sol sacaba de su escondrijo. El polvo rojo que levantaban sus botas le teñía la barba y las ropas hasta impregnarle también la saliva, pero El Montañés no malgastaba esfuerzos en sacudirse ni siquiera en masticarla. Se ayudó de las manos en el último tramo en su ascensión entre las rocas y, ya arriba, encontró el árbol. Con aquel calor implacable no puede explicarse cómo es capaz de crecer allí un árbol y, ciertamente, se sostenía en el hueco perforado de la tierra agrietada, apoyado en el cerco de un montón de piedras dispuestas a tal fin. La sombra del cuerpo que pendía de su única rama, seca y curva, permanecía también quieta, consciente de su efímera presencia.
El Montañés descolgó aquel cuerpo muerto y lo liberó del humillante abandono y, calculando cada gesto, lo cargó a sus espaldas dispuesto a emprender sin demora el descenso. Abajo, depositó el cadáver de su viejo amigo a lomos de su montura cobriza y los tres reanudaron de nuevo la marcha de regreso. Por el camino, la vida salía al paso en la mente de El Montañés al recordar la amistad de una sempiterna infancia a orillas del Río Cuervos. No, no se lo merecía ni iba a permitir un final así...
Hay pocos lugares que no conozca El Montañés y pocos a quien contárselos. Nadie puede explicarse el montón de piedras apiladas, presididas por una cruz, que descansa en la margen alta del río. Tampoco nadie se explica los cinco cuerpos abandonados entre el lodo de la otra orilla, cada uno con un tiro en la frente, como la firma inequívoca del castigo que corresponde a cada forajido.
Pocos caminos conducen a Río Cuervos, ahora libre de malhechores. Más allá, un jinete cruza el cauce en su parte más estrecha hacia los llanos, semioculto entre las altas hierbas, hasta donde el rastro se pierde...

*("Episodios Sueltos De Una Leyenda Incompleta", de Luis Tamargo.-
http://home.graffiti.net/leetamargo:graffiti.net/elmontanes.html

OJOS DE GATO

OJOS DE GATO

Era la única mesa ocupada, al fondo entre las columnas. Y la única a la que se podía oir en toda la Cantina. Los cuatro hombres vociferaban transformando la partida en un espectáculo de insultos y juramentos malsonantes. El más bravucón golpeaba con el codo en la mesa cada vez que perdía, desordenando las fichas sobre el tapete con lo que, de nuevo, aumentaba el griterío. Era un hombre corpulento, de anchas espaldas y larga cabellera. Su gran vozarrón, ronco y grave, revelaba que era quien mandaba en el grupo. Detrás suyo, sentada en la silla con las rodillas juntas y los brazos caídos a cada lado, la pequeña niña contemplaba el juego con un semblante triste, casi alicaído. Su mirada rasgada, tez pálida y cabello azabache hablaban que venía de muy lejos.
A El Montañés le llamó la atención la hermética rigidez de la niña en medio de aquel alboroto. En plena bronca del vocerío, el bravucón se volvía hacia atrás de vez en cuando para comprobar que la niña seguía allí sin moverse. El Montañés apuró el vaso de un trago y ni un solo pelo de su barba salvaje se perturbó cuando la voz del bravucón se dirigió a él, increpándole para que acercara la botella. El Montañés no era hombre de muchas palabras y tampoco había llegado hasta allí para obedecer los caprichos de ningún truhán ni para reir sus bufonadas, así que siguió de espaldas a la mesa. Los pocos clientes que quedaban en la Cantina casi salieron al tiempo, como si todos se hubieran puesto de acuerdo. El bravucón preguntó de nuevo y, sin dejar de gritar en tono agresivo, se levantó de su asiento para dirigirse al forastero de la barra que tan indiferente le ignoraba. Cuando extendía su mano para alcanzar el hombro de El Montañés, este se revolvió con la celeridad del rayo y, de un tajo, le seccionó el antebrazo. El rostro de estupor del aguerrido fortachón quedó firmado por el otro filo del machete con una rúbrica de sangre en su cuello velludo. No había acabado aún de desmoronarse como una pesada torre cuando el silbante vuelo del machete cruzó la cantina para clavarse en el pecho del lugarteniente que ya se incorporaba a la pelea. De los otros dos, uno cayó con el primer disparo; y el otro, al intentar correr hacia la puerta para huir.
El Montañés cogió de la mano a la niña que, sin oponerse, subió con él a la grupa de la yegua. Ya caía la tarde sobre el cerro cuando soltó a la niña a la entrada de la aldea. Cuando ella echó a correr parecía conocer hacia dónde se dirigía... También parecía conocerla la anciana que, con los brazos abiertos, corría hacia ella. El Montañés aún pudo entender su nombre, a pesar de que ya se encaminaba hacia las afueras del pueblo. En el lenguaje nativo de los Runya su nombre quiere decir “Ojos de Gato”.
El cielo se tiñó de rojos y púrpuras y aún se dejó escuchar el sonido vivo del bosque, antes de que la noche cayera a plomo sobre el llano. Con un fuego lento engañó la soledad de las primeras estrellas. Luego, envuelto en su jarapa de piel, junto al fusil, observó el halo de luna con los ojos cerrados.
...El río maullaba silencios y la noche se mecía con una nana de olvidos.

*("Episodios Sueltos De Una Leyenda Incompleta", de Luis Tamargo).-
http://relatosweb.tuportal.com/elmontanes.html

EPISODIOS: Caza en la Montaña

EPISODIOS: Caza en la Montaña

Le llamaban El Montañés porque no era de allí. Vino del otro lado de Sierra Alta, incluso dicen que de más allá del llano que precede al gran desierto, el que llaman el Negro por su larga espesura.
A pesar de haber cabalgado toda la noche entera no acusaba su rostro ningún atisbo de cansancio, casi podría afirmarse que su rostro rara vez reflejaba algún gesto descifrable. Hombre tosco y rudo, siempre vagabundeaba en solitario y los pocos que llegaron a encontrarse con él únicamente prefirieron mantener las distancias en previsión de desenlaces desagradables.
Ascendió entre las peñas a lomos de su yegua cobriza. Cuando alcanzó mayor altura hubo de continuar el ascenso a pie sin soltar las riendas de su montura. En el otro antebrazo reposaba el fusil. El sol castigaba a plomo todo ser viviente, planta o alimaña, que habitase aquel lugar, pero él parecía conocer con certeza hacia dónde debía encaminar sus pasos. Se apostó en la ancha y gruesa roca, apoyado en la hendidura hueca que le permitía, cómodo, manejar el arma con soltura. Entre los matorrales ató al caballo, liberado de los pesados fardos de pieles y, de nuevo, volvió a parapetarse en la roca, dispuesto a hacer frente a una larga espera.
El buitre leonado surgió de lo alto del risco cercano, planeando con su vuelo lento y pesado. Su silueta oscura cruzó el limpio azul del cielo con sus alas extendidas, describiendo amplios círculos en su descenso, hasta que casi estuvo a la altura del vigilante fusil de El Montañés. En el punto de mira... el cerro entre los riscos, mientras el ave de rapiña descendía y, al fondo del cañón, donde el horizonte se confundía con la pista de arena, un carromato tirado por dos mulos avanzaba rápido a juzgar por la densa polvareda que elevaba en su carrera. El Montañés afianzó el codo en la roca, enarcó la ceja y, concentrado, apuntó con determinación, con la misma determinación con que su dedo inmisericorde apretó el gatillo. Los riscos devolvieron los ecos del disparo, sonora y estrepitosamente repetidos.
El cazador ya estaba de nuevo, rienda en mano, jalando de su montura cobriza monte abajo. Su camino ahora no era siquiera de regreso. Oculto el rostro tras la poblada barba, un brillo de plata en sus ojos oscuros delató el triunfo de la justicia primitiva.
El conductor del carromato se dobló sobre sí mismo, clavando el mentón en su pecho y, con un grito ahogado, cayó de bruces a la pista. Los mulos aún siguieron su marcha adelante un tramo más, empañando la escena en una nube de arena. El tiro le acertó de pleno en el centro del pecho marcando el final de su camino.
Luego, antes de que los otros buitres aparecieran al improvisado festín, un grupo de jinetes se fue acercando en veloz persecución hasta el carromato. El primero que llegó descendió raudo del caballo y examinó al muerto, buscando entre sus ropajes, hasta lograr dar con el objeto de la angustiosa exploración... Se dirigió al resto del grupo y les mostró la simbólica figura, la estatuilla del dios Shär, hurtada hacía apenas dos días del templo de Lohen Thoenn, en la víspera de la conmemoración del Año Sagrado Lunar.
Lejos de allí, un jinete cabalga aún a solas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría arriesgarse a que la noche gélida y despiadada le encuentre dormido en el Cañón del Río Rojo.

*("Episodios Sueltos De Una Leyenda Incompleta", de Luis Tamargo).-
http://relatosweb.tuportal.com/elmontanes.html

LEER EN VACACIONES: Jack London

LEER EN VACACIONES: Jack London

Con el verano llegan las vacaciones y buscamos qué leer. Es inevitable repasar las primeras lecturas... Julio Verne, Jack London, R.L. Stevenson, etc. El género de aventuras siempre nos devuelve ese aire juvenil de los primeros descubrimientos...

- JACK LONDON:
John Griffith London había sido marino, pescador e incluso contrabandista. Publicó más de 50 libros que le supusieron grandes ingresos pero que dilapidó en viajes y alcohol. Fue corresponsal de guerra y vivió dos matrimonios tormentosos. Se suicidó el 21 de noviembre de 1916, a la edad de 40 años, en Glen Ellen, California.
En "La llamada de la selva" (1903), habla de la vuelta de un ser civilizado a su estado primitivo, y la lucha por la supervivencia. Su estilo, brutal, vivo y apasionante, le hizo enormemente famoso fuera de su país. Sus novelas se han traducido a numerosas lenguas. Entre sus principales obras cabe mencionar "Los de abajo" (1903), sobre la vida de los pobres en Londres; "El lobo de mar" (1904), una novela basada en sus experiencias como cazador de focas; "John Barleycorn" (1913), un relato autobiográfico sobre su batalla personal contra el alcoholismo, y "El vagabundo de las estrellas" (1915), una serie de historias relacionadas entre sí sobre el tema de la reencarnación.
http://webs.demasiado.com/ltamargo/jlondon.html

Cuaderno Literario: UNA ESCRITORA

Cuaderno Literario: UNA ESCRITORA

URSULA WÖLFEL :

Nació en 1922 en Duisburg (RFA). Realizó estudios de germanística en Heidelberg, siendo profesora en una escuela después de la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente estudió pedagogía y trabajó como profesora de pedagogía en Frankfurt y como maestra en una escuela para niños difíciles. Actividad docente en el Centro de Investigación de Literatura Infantil y Juvenil en Jugendheim. Sus libros han sido traducidos a muchos idiomas, siendo uno de los autores más leídos por los niños y jóvenes de todo el mundo. Ha recibido diversos e importantes premios literarios nacionales e internacionales. Miembro del PEN Club alemán. Es viuda de guerra y tiene una hija.

-Obras en Prosa:

En "Campos verdes, campos grises", Wölfel cuenta historias que no son divertidas, tampoco son historias de un mundo intacto. Tratan de marginados, de la opresión y de la discriminación racial, de la guerra, de conflictos en el ámbito individual y social, de prejuicios, de separaciones matrimoniales, de hambrientos y alcohólicos. Son preguntas, y no respuestas, que exigen el diálogo, la conversación entre el niño y el adulto.
"Campos verdes, campos grises" ha sido distinguido con los siguientes premios literarios: Lista de Honor del Premio Hans-Christian Andersen, Premio Austríaco a la Promoción de la Literatura Infantil y Juvenil, y Lista de Honor del Premio al Libro Infantil en la República Federal de Alemania.

http://www.aldeavirtual.com/cultura/leetamargo/revistaprosa09.html